La moda queer es una forma de expresión que cuestiona las normas de género, reivindica otras maneras de vestir y de encontrar prendas que encajen con nuestra identidad, sin caer en la ‘ropa de hombre’ y la ‘ropa de mujer’.

Y nosotras sabemos mucho de eso, porque hemos cargado durante años con estereotipos y etiquetas. Para las lesbianas, la ropa es una manera más de expresarnos: un traje de corte masculino, una camisa oversize, prendas que ‘juegan’ con la feminidad…

Ahora mismo, hay pequeños negocios creados por mujeres lesbianas o personas del colectivo LGTBIQ+, que tienen que convivir con grandes empresas que utilizan la diversidad como reclamo y herramienta de marketing. Y aunque las dos vendan prendas LGTBIQ+, las motivaciones de ambos negocios de moda queer no son las mismas.

¿Qué es la moda queer?

No es una estética, porque en realidad lo queer es muy diverso. Pero este concepto cuestiona cómo deben vestir los hombres y las mujeres. Incluye la moda genderless (sin género) hasta el tomboy style (utilizar prendas y complementos asociados al hombre), trajes de sastre, ropa deportiva y ropa que mezcla códigos masculinos y femeninos.

Las lesbianas sabemos perfectamente que no hay una manera de vestir universal. De hecho, algunas mujeres deciden expresarse a través de la ropa, otras son mucho más convencionales y no quieren mezclar estética con orientación sexual… La moda queer tiene formas muy diferentes de expresión.

Responde más bien a una necesidad práctica de entrar ropa interior cómoda, prendas con cortes inclusivos, trajes para distintos cuerpos… Y por eso la moda queer se diferencia radicalmente de la convencional, porque la industria trabaja con cuerpos ‘estándar’ y separa sus colecciones entre masculina y femenina.

Pequeños negocios que diseñan moda desde el colectivo

Frente a las principales multinacionales, hay otro tipo de firmas que sí diseñan moda queer de verdad, desde el colectivo y para el colectivo. Un ejemplo es Wildgang, fundada en 2013 por Emma Mcllroy, Julia Parsley y Taralyn Thuot, que se define como un proyecto fundado y dirigido por mujeres y personas queer. En su catálogo tienen trajes, camisas y prendas de estilo workwear con cortes cómodos para vestir sin las limitaciones de la moda que segrega por género.

También encontramos a TomboyX, creada por Fran Dunaway y Naomi González en 2013. Al principio, eran una marca de ropa interior cómoda e inclusiva, con distintas tallas y expresiones de género para personas trans. Y después ampliaron su catálogo con prendas de afirmación de género para personas trans, lo que no estaba bien atendido por la industria de la moda convencional.

Las grandes marcas también se suman al Orgullo

Lo hacen durante todo el año, pero es más evidente en las semanas previstas al Orgullo. El mercado queer también interesa a gigantes de la moda, como Levi’s, que lleva años lanzando colecciones para el Orgullo. En 2025 presentó prendas inspiradas en la historia y en los símbolos de la liberación LGTBIQ+.

Aunque en este caso esta colección tuvo sentido, pues empezaron a donar 100.000 dólares anuales a Outright International, organización por los derechos humanos de las personas LGTBIQ+.

Otras firmas, como Converse y Puma, también se suman a las colecciones del Orgullo con el fin de que la diversidad tenga más presencia en los escaparates. Aunque lógicamente hay intereses comerciales detrás al intentar conectar con un público que defiende los derechos LGTBIQ+, la diversidad y la inclusión.

¿Hay algún problema con que las cadenas grandes lancen moda queer? En absoluto. El problema está en que sean campañas puntuales, pues estarían cayendo en el rainbow washing —capitalismo arcoíris—. Básicamente, proyectar una imagen inclusiva sin que haya una igualdad real o acciones durante todo el año.