El sexilio existe, aunque muchas veces no lo nombremos como tal. Y muchas de nosotras lo hemos vivido en primera persona.
Básicamente, cuando tenemos que abandonar nuestro lugar de origen por nuestra orientación sexual o identidad de género. No nos referimos únicamente a dejar nuestro país (que también ocurre), sino que ya es sexilio si tenemos que cambiar el pueblo en el que hemos nacido (por los prejuicios, las etiquetas y los cotilleos) por una gran ciudad mucho más abierta.
¿Qué es exactamente el sexilio?
Es un término que une las palabras sexo y exilio. Engloba a todas las situaciones que nos obligan a marcharnos de un lugar por rechazo, discriminación o falta de seguridad relacionada con la diversidad sexual. Es decir, tener que irnos del lugar en el que hemos nacido o crecido para poder vivir nuestra orientación sexual con absoluta libertad.
Ojo, no hablamos únicamente de una ‘persecución’ directa, sino que responde a años de comentarios homófobos, presión familiar, miedo a que alguien se entere de que somos lesbianas o estamos con una chica, tener la sensación de no encajar y no encontrar tu sitio…
En España, el sexilio está muy asociado a desplazamientos de entornos rurales a ciudades más grandes, aunque también afecta a mujeres que vienen de otros países menos desarrollados o con leyes anti-LGTBIQ+. El Ministerio de Igualdad publicó en 2025 un estudio sobre el sexilio en España, que analiza sus características y lo que sufren las personas que lo viven.
¿Por qué algunas lesbianas sienten que tienen que marcharse?
Porque quieren ser libres y no esconderse más. Esa suele ser la principal razón, aunque hay muchos motivos: porque sus familias no aceptan que sean lesbianas o tengan novia, temen que sus amigas de toda la vida se enteren y la dejen de lado, por consecuencias en el trabajo, una mala relación con los compañeros…
Aunque parezca absurdo tener que estar hablando de esto en pleno 2026, sigue ocurriendo. Sobre todo, en zonas rurales o en comunidades pequeñas en las que todo el mundo se conoce y habla de la vida de los demás.
Imagínate cómo vive la chica joven que no coge de la mano a su novia por la calle o que la presenta ante todo el mundo como una ‘amiga’. La mujer que lleva años ocultando su orientación sexual, porque vive en un entorno conservador que no aprueba al colectivo LGTBIQ+.
En lugar de enfrentarse a esa discriminación, muchas lesbianas optan por el sexilio. Marcharse a una ciudad más grande y empezar de cero en otro lugar con la libertad que nunca han tenido en sus lugares de origen. Es el tipo de sexilio más habitual en España, aunque también acogemos a personas LGTBIQ+ de todo el mundo perseguidas en sus países de origen.
Las consecuencias de empezar una nueva vida
Aunque al principio la sensación sea de liberación y sientas que te has quitado una carga de los hombros, empezar de cero en una nueva ciudad no siempre es fácil. Es cierto que una ciudad grande siempre proporciona muchas más posibilidades, ya sea para conocer gente, encontrar espacios seguros, referentes y crear poco a poco tu comunidad o grupo de amigas.
Aunque esa sea sensación de libertad normalmente convive con la culpa, con la tristeza por perder vínculos, la dificultad económica durante los primeros meses o la sensación de soledad en un sitio fuera de tu zona de confort. Y también sabemos que el sexilio acentúa las desigualdades económicas, porque no todas las mujeres lesbianas tienen los mismos recursos para mudarse a una gran ciudad —con el precio actual de los alquileres— ni pueden dejar su trabajo de un día para otro.
Ningún Comentario