La realidad que viven las mujeres lesbianas rurales no suele acaparar titulares ni se cuela en nuestras reivindicaciones, aunque las tenemos muy presentes.
Cada 15 de octubre se celebra el Día Internacional de las Mujeres Rurales. Así que hablamos sobre ellas, sobre las barreras que se encuentran en pleno siglo XXI y sobre algo tan básico como tener que esconder quiénes son en el lugar que las ha visto crecer.
Ser lesbiana en un pueblo: una realidad con muchos matices
Vivir en un pueblo tiene muchísimas ventajas que no encontramos en grandes ciudades: estar más cerca de la naturaleza, conocer a tus vecinos, que todo el mundo se conozca y esté dispuesto a ayudarse, negocios de barrio de toda la vida… Aunque todo esto es un arma de doble filo para las mujeres lesbianas rurales.
Que todo el mundo te conozca en tu pueblo significa que desaparece la intimidad, y sabemos que eso da lugar a prejuicios y etiquetas. Por maldad o por cotilleo puro y duro.
Y también es más difícil salir del armario en un pueblo, porque es más fácil que se extienda el rumor. Ojo, también sabemos por experiencia que hay pueblos más abiertos, familias que acompañan y vecinas que construyen espacios seguros para las personas LGTBIQ+ del pueblo. Pero son una minoría.
El estudio estatal sobre mujeres lesbianas y bisexuales en España, publicado por el Instituto de las Mujeres, ya nos adelanta muchas cosas sin siquiera entrar en los resultados: un 83,4% de participantes viven en ciudades y solo un 16,2% es población rural. El informe justifica la desigualdad con el ‘sexilio‘, es decir, el desplazamiento de personas LGTBIQ+ que han abandonado sus lugares de origen por discriminación o violencia.
La falta de referentes y espacios seguros
En los pueblos es mucho más complicado encontrar referentes o, al menos, otras mujeres lesbianas rurales con las que compartir. De hecho, la mayoría de municipios pequeños no tienen asociaciones LGTBIQ+ ni espacios seguros como ocurre en ciudades más grandes. Como mucho, asociaciones de mujeres.
Por suerte, las redes sociales han cambiado mucho las cosas y nos acercan a referentes y a las experiencias de otras mujeres. No nos olvidemos tampoco de las apps para lesbianas, ya sea para hacer amigas o para ligar. Ayudan, pero tampoco sustituyen a los espacios presenciales para hacer comunidad (asociaciones, actividades culturales, puntos de encuentro inclusivos…).
Mujeres rurales, lesbianas y protagonistas de sus pueblos
El Día Internacional de las Mujeres Rurales, impulsado por Naciones Unidas, reconoce la contribución de las mujeres al desarrollo agrícola, a la economía y a la vida de las comunidades. No obstante, nosotras nos lo llevamos también al terreno de la diversidad entre las mujeres rurales (lesbianas, bisexuales, trans).
Muchas mujeres sostienen negocios locales, trabajan en el campo, emprenden, participan en asociaciones vecinales o mantienen proyectos culturales. Y su orientación sexual no las hace menos rurales ni las sitúa al margen de las preocupaciones que comparten los entornos rurales.
Al contrario. Se suma la discriminación que sufren en muchos entornos, a los prejuicios, las etiquetas de ‘bolleras’ y el no poder vivir con la misma naturalidad que en una gran ciudad.
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