La lesbofobia no empieza cuando una mujer sale del armario ni cuando se da cuenta de que le gustan otras mujeres. Muchas de nosotras la vivimos mucho antes de saber siquiera que éramos lesbianas.
«Marimacho» a las niñas que llevan el pelo corto o se sienten más cómodas con pantalones que con vestidos, a las que prefieren el fútbol o los coches que las muñecas…
Este 5 de noviembre es el Día Internacional contra la Violencia y el Acoso Escolar, incluido el ciberacoso, y nosotras queremos poner el foco en el acoso que sufren las niñas lesbianas o que tienen una apariencia más masculina.
No encajar en los estereotipos se convierte en motivo de burla
Desde pequeñas, a las niñas nos han enseñado cómo debemos vestir, jugar, hablar o relacionarnos con las demás. Y cuando una se sale de las expectativas, comienza la lesbofobia —sin nombrarla siquiera de esa manera— en forma de comentarios despectivos, insultos o directamente excluirla del grupo.
El pelo corto, la ropa ancha, el gusto por deportes tradicionalmente ‘masculinos’, una forma de expresarse poco femenina… Nada de esto confirma que una mujer sea lesbiana, mucho menos una niña, pero refuerza la idea de que solo hay una manera correcta de ser niña y que salirse de ahí merece un castigo social.
La expresión de género nunca ha determinado ni determinará la orientación sexual. Una niña puede tener gustos, aspecto o un comportamiento que no encaje en los estereotipos femeninos y ser lesbiana, bisexual, hetero o directamente no haber encontrado aún su orientación.
Lesbofobia en el colegio sin salir siquiera del armario
La lesbofobia también afecta a las niñas que aún no saben ni siquiera que son lesbianas, bien porque son muy pequeñas o porque aún no han descubierto su orientación sexual.
Pero muchas hemos sufrido directamente los rumores sobre a quién le gusta quién, insultos homófobos y preguntas incómodas a niñas que no saben aún cómo gestionarlas.
Algunas niñas que se empiezan a sentir atraídas por otras mujeres pueden sentir en primera persona el miedo al rechazo. Y lleva a muchas a ocultar sus sentimientos, a no hablar de relaciones o a ‘controlar’ su comportamiento en público con otras mujeres para no llamar mucho la atención ni levantar sospechas.
Según el informe Radiografía de la educación en la diversidad LGTBI+, elaborado por FELGTBI+ y la Universidad de Salamanca en 2025, más de la mitad del alumnado LGTBIQ+ sufrió algún tipo de acoso, trato vejatorio o ciberacoso durante la educación secundaria.
El acoso continúa también fuera del aula
El acoso no termina cuando una niña sale del colegio o del instituto. Todo lo contrario. Hoy en día, las redes sociales y los chats de WhatsApp propagan esas burlas a través de rumores, comentarios ofensivos, fotos que se comparten sin permiso, memes, incluso ya hemos empezado a ver cómo se generan imágenes falsas con inteligencia artificial.
Y hay que vigilarlo para evitar las consecuencias que tiene en niñas y adolescentes: aislamiento, inseguridad, ansiedad, miedo a acudir a clase… Además, si el entorno (ya sean amigos, profesores o familias) le quita importancia a lo que está pasando o lo considera como un juego de niños, la víctima termina sintiendo que no tiene a quién acudir.
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