Las parejas que llevan años juntas tienen su propio lenguaje y una manera muy particular de entenderse, incluso con miradas o con gestos. Tienen sus costumbres y códigos, fruto de muchos años de convivencia, y es prácticamente imposible entenderlos desde fuera.

Tener conversaciones enteras sin decir nada

Lo que más se desarrolla con el paso de los años es la comunicación no verbal. Entenderte con tu chica solo con una mirada, con un gesto con la cabeza, una media sonrisa…

Puede ser por complicidad, para decirle que no estás cómoda en ese ambiente o que después habláis de algo. Lo divertido es que tu pareja te entiende perfectamente sin abrir la boca.

Igual que hay palabras o situaciones que no significan nada para el resto del mundo, y para vosotras son especiales. Bien porque forman parte de vuestra historia de alguna manera o porque tenéis alguna anécdota.

Saber qué va a decir la otra en todo momento

Esto es mucho de las parejas de lesbianas consolidadas. Al final, la convivencia y tantos años con alguien dan para mucho, y nos permite conocer muy bien a la otra persona.

Eso pasa por saber qué película va a elegir, qué comida no le apetece nada, si se siente cómoda, cómo va a ser su reacción ante una situación concreta… Incluso puedes anticipar su respuesta antes de que termine de hablar.

Y lo que mejor viene en muchas situaciones: saber perfectamente cuándo necesita espacio, si necesita espacio o si es mejor dejar que se le pase el enfado antes de intentar resolver un conflicto.

Discutir siempre por las mismas tonterías

Las parejas que llevan mucho tiempo juntas también tienen sus pequeños ‘conflictos’ y discusiones. Por ejemplo, quién se ha dejado la luz encendida, quién decide qué película poner, a quién le toca hacer la colada, quién se ha comido el chocolate que quedaba en la nevera…

Son pequeñas ‘peleas’ que forman parte de la rutina, que no tienen más importancia y que encajan dentro de los roces más habituales de la convivencia. Eso sí, una cosa son esas pequeñas diferencias en la convivencia y otra los reproches y las faltas de respeto constantes.

Tener una rutina que nadie más entiende

Es absolutamente normal que las parejas construyan hábitos que terminan convirtiéndose en parte de la rutina, como desayunar siempre juntas los domingos, ver una serie solo cuando estáis juntas, comprar un capricho al hacer la compra o reservar una tarde a la semana para no hacer absolutamente nada.

Igual que las pequeñas manías en pareja: qué lado de la cama prefiere cada una, no salir de casa sin daros un beso, contaros cómo ha ido el día mientras cenáis… Todas estas pequeñas costumbres forman parte de la rutina en pareja, y son las que hacen que cada relación tenga su propio lenguaje.

De hecho, el amor está en lo cotidiano. Cuando una pareja lleva muchos años de relación, el amor sigue presente en esos pequeños detalles: en comprar su chocolatina favorita, mandarle una foto de algo que le hace ilusión, prepararle su comida favorita un domingo cualquiera… Y poder estar juntas sin necesidad de hacer nada especial.