Compartir ubicación en tiempo real, saber las contraseñas de las redes sociales de tu pareja e incluso compartir también el calendario. Son prácticas cada vez más habituales, sobre todo en parejas jóvenes, pero… ¿Hasta qué punto es sano?

Algunas parejas creen que son gestos de confianza y complicidad, pero otras están radicalmente en contra y lo consideran una intromisión en su intimidad. ¿Dónde está el límite entre la confianza y el control?

Compartir la ubicación: ¿seguridad o necesidad de control?

Desde el móvil, podemos compartir nuestra ubicación con cualquier persona en tiempo real. Es útil, por ejemplo, cuando una de las dos vuelve a casa sola de madrugada, está de viaje o quiere que la otra sepa que ha llegado bien. En estos casos, responde más bien a una cuestión de seguridad y de tranquilidad.

¿Y cuando eso se convierte en una obligación? Aquí está el problema. Cuando una mujer tiene que justificar constantemente dónde está, explicar cada movimiento, avisar de cualquier cambio de planes para no generar un conflicto… En este caso, compartir la ubicación se convierte en un mecanismo más de control, de celos y de toxicidad.

Ojo, que no querer compartir la ubicación con tu pareja tampoco significa que escondas algo. Todas tenemos derecho a movernos con libertad, quedar con nuestras amigas o simplemente pasar tiempo solas. La confianza no debería depender de que la otra persona sepa en todo momento dónde estás.

¿Es necesario conocer las contraseñas de tu pareja?

Quitémonos de la cabeza la idea de que compartir las contraseñas de redes sociales o el desbloqueo del móvil es una prueba de confianza. Confiar en alguien no significa revisar sus conversaciones.

Al contrario. Puedes conocer el PIN de desbloqueo del móvil de tu pareja por una cuestión práctica que surge de manera natural durante la convivencia, pero entrar en su WhatsApp o redes sociales es una línea roja.

El problema no es tanto conocer alguna contraseña de tu pareja, sino que exista una obligación. Pedir acceso al móvil para saber con quién habla, revisar sus mensajes, pedirle explicaciones ante cualquier mínima sospecha (infundada seguramente)…

Calendarios compartidos y otros límites de la convivencia

Compartir información ‘sensible’ con tu pareja no tiene por qué ser problemático. De hecho, hay herramientas que facilitan mucho la organización de una pareja, como tener un calendario compartido.

Por ejemplo, para saber los horarios de trabajo de tu chica, sus viajes, las citas importantes, alguna responsabilidad en casa… También es útil compartir listas de tareas, recordatorios o gastos comunes, pues facilitan mucho la convivencia sin estar preguntando constantemente.

La diferencia está en el propósito con el que se hace, porque no es lo mismo tener acceso a su calendario para organizarte la semana o para planear una escapada que controlar si tiene una hora libre. Y de paso, irte a la app del móvil para saber qué está haciendo.

Una manera de valorar si estos ‘acuerdos’ son sanos es preguntaros si las dos podéis decidir libremente qué queréis compartir. ¿Puedes desactivar la ubicación sin que eso provoque un conflicto? ¿Podemos cambiar la contraseña sin tener que dar explicaciones? Si la respuesta es no, hay un problema importante en la relación.