Las miradas entre lesbianas forman parte de un lenguaje propio que compartimos y que todas hemos experimentado en algún momento. Como tantas cosas dentro de una relación entre mujeres, este tipo de miradas con doble intención son muy reconocibles. Y acompañadas de otros gestos, son una buena manera de entendernos sin mediar palabra.
En realidad, las miradas siempre han sido muy nuestras y nos han servido para protegernos, sobre todo cuando no podíamos salir del armario y nuestra sexualidad era ‘peligrosa’. Las generaciones anteriores tuvieron que desarrollar maneras discretas de conocerse y reconocerse, sin llamar demasiado la atención, y parte de esos códigos continúan hoy, aunque nuestra situación sea muy diferente a la de aquella época.
Cuando una mirada entre lesbianas dice más que una conversación
La comunicación no verbal ocupa un lugar importante dentro de la interacción humana. Según distintos estudios sobre lenguaje corporal, buena parte de la información emocional que transmitimos viene de los gestos, las expresiones faciales y el contacto visual, y no de los gestos.
Entre lesbianas, podríamos decir que es más intenso si cabe (como casi todo en nuestras relaciones), porque muchas mujeres somos capaces de reconocer a otras lesbianas solo por intercambiar una mirada. Sin palabras.
No responde tanto al ‘radar lésbico’ que se supone que tenemos (o ‘lesdar’), sino a pequeños indicios que nuestro cerebro ha aprendido a reconocer de manera casi automática. Una mirada puede transmitir interés, atracción o simplemente una sensación de tranquilidad al reconocer a otras lesbianas.
Mito y realidad del ‘radar lésbico’
Dentro de la cultura queer, hemos hablado siempre de un radar que nos permite reconocer a otras personas del colectivo solo por la apariencia, los gestos o la manera de hablar. Una supuesta capacidad para identificar a personas LGTBIQ+ sin necesidad de preguntarlo.
Ahora bien, no hay evidencia científica que demuestre que podemos reconocer la orientación sexual de alguien solo por su aspecto o por cómo nos mira. Incluso corremos el riesgo de caer en estereotipos.
Sin embargo, sí que hay señales que las lesbianas hemos aprendido a detectar con el paso del tiempo: la forma de mirar, algunos gestos, referencias, espacios que frecuentamos o ciertas dinámicas de interacción. Es normal que haya cosas que nos resulten familiares.
La mirada entre lesbianas que parece una pregunta
A veces, la mirada entre dos lesbianas es una manera de confirmar que compartimos algo y que las sospechas de ambas son reales. Por ejemplo, en una cafetería, en el metro, en una librería o, de manera más evidente, durante el Orgullo.
Y ojo, no siempre significa que haya atracción. A veces, puede serlo, pero en otras simplemente es un reconocimiento mutuo, sobre todo en ambientes hetero.
También hay miradas coquetas, atrevidas o cargadas de deseo sexual, y nos encantan, pero suelen ser las que aguantamos durante más segundos, las que retiramos por vergüenza o acompañamos de una sonrisa pícara. Sea como sea, y en un mundo muy dominado por pantallas, queremos seguir mirándonos.
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