Cada 21 de septiembre se conmemora el Día Internacional de la Paz, pues es la fecha que la Asamblea General de las Naciones Unidas eligió para promover la paz y la no violencia en todo el mundo. ¿Todas las lesbianas vivimos en paz?
Ojo, para nosotras no significa únicamente vivir en un país sin guerras. Significa que podamos caminar de la mano con nuestra chica sin miedo, hablar de nuestra orientación sexual en el trabajo o volver a casa sin pensar si un barrio es peligroso para nosotras (por mujeres y por lesbianas).
La ONU señala que la paz va mucho más allá de la ausencia de conflictos armados, y tiene que ver con la seguridad, la dignidad, el acceso a las oportunidades y la cooperación. Y en nuestro caso, no todas partimos del mismo lugar para disfrutar de esa sensación de paz.
La paz es poder vivir sin escondernos
Para las mujeres lesbianas, el concepto de ‘paz’ engloba muchísimas más cosas que la ausencia de conflictos, que por supuesto también es importantísima.
- Poder mencionar a nuestra chica en una conversación sin dudar por la reacción de la otra persona.
- Dar un beso en público con la misma naturalidad que lo hace una pareja hetero.
- Recibir atención sanitaria segura y sin juicios de valor por nuestra orientación sexual.
Y así, una larga lista de derechos a los que no pueden acceder todas las mujeres del mundo.
Según la encuesta LGBTIQ+ de la Agencia de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea (FRA), el 37% de las personas LGBTIQ encuestadas en España afirmó haber sufrido discriminación en al menos un ámbito de su vida durante el año anterior. Además, un 53% dijo haber sufrido acoso.
No todas las lesbianas vivimos estas experiencias de la misma manera, y es lo que precisamente reivindicamos. Influyen mucho las circunstancias personales, familiares, económicas, racionales, territoriales o relacionadas con la edad. Y no pararemos hasta que todas las mujeres lesbianas del mundo tengamos los mismos derechos.
No todas tenemos las mismas condiciones para sentirnos seguras
La orientación sexual no es algo aislado ni que podamos separar de nuestra existencia. Por ejemplo, la situación de una lesbiana joven que aún depende económicamente de su familia es mucho más complicada que la de una mujer adulta con independencia financiera. Porque no es lo mismo crecer con una red de apoyo que hacerlo sin ella.
ILGA World señala lo que muchas vivimos: las mujeres lesbianas, bisexuales y queer sufrimos una doble violencia y discriminación, tanto por nuestra orientación como por ser mujeres. También entran en juego muchos otros factores: pobreza, juventud, pertenecer a comunidades marginadas o colectivos vulnerables…
Luchar por la paz también es construir espacios donde nos sintamos seguras
La paz depende de que existan derechos que protejan a las personas. Sin ir más lejos, un 32% de los países del mundo sigue criminalizando las relaciones sexuales consentidas entre personas del mismo sexo.
Es cierto que España es uno de los países más avanzados del mundo en derechos LGTBIQ+, pero no todas las mujeres del mundo viven en paz su orientación sexual de la misma manera que nosotras. Ni es una palabra que debamos relegar únicamente a conflictos internacionales.
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