Ser lesbiana sigue siendo delito en algunos países del mundo, en pleno 2026. Y mientras nosotras celebramos los derechos que hemos conquistado y salimos a las calles para reivindicar lo que es nuestro, en otros países ni siquiera está permitido que una persona LGTBIQ+ exista.

Lo más preocupante es que estamos dando marcha atrás y que hay muchos países que han retrocedido y han endurecido las leyes contra el colectivo en los últimos años. Con consecuencias graves: cárcel, persecución e incluso la pena de muerte.

Un mapa que da pasos hacia atrás

Ser lesbiana es un delito en 65 estados miembros de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), y lógicamente afecta a la vida de millones de personas LGTBIQ+ en todo el mundo. En 33 países, mantener relaciones con personas del mismo sexo está castigado con penas de cárcel, y en siete de ellos todavía existe la pena de muerte. En 16 estados, además, el delito aplica solo a los hombres.

Lo más grave y peligroso es que en el año 2025 registramos, por primera vez en casi una década, un aumento de países que han endurecido sus leyes. Muchos de los derechos que dábamos por sentados y que nos ha costado tanto conquistar han desaparecido por los cambios políticos y sociales.

Senegal y el primer retroceso legislativo

Uno de los casos más recientes y que ha encendido todas las alarmas es el de Senegal, donde el Parlamento aprobó por una amplia mayoría una reforma que eleva hasta los 10 años la pena por ser homosexual. Y la medida salió adelante sin votos en contra: 135 a favor y tres abstenciones.

Organizaciones de derechos humanos han señalado un aumento de las detenciones en estos países y una mayor vigilancia sobre la comunidad LGTBIQ+. Preocupa, además, el posible efecto dominó que se puede producir, porque cuando un estado endurece sus normas, los de alrededor no son ajenos a ello y pueden replicarlo, sobre todo en caso de gobiernos con ideologías extremas y similares.

Cárcel, ser invisibles y vivir amenazados

Si miramos el mapa del mundo en su conjunto, hay países en los que la persecución contra las personas LGTBIQ+ adopta formas muy extremas y ser lesbiana es más que un delito.

Por ejemplo, hasta siete estados mantienen la pena de muerte en caso de mantener relaciones consentidas entre personas del mismo sexo. Países como Burkina Faso o Trinidad y Tobago también han retrocedido y han vuelto a aprobar leyes que llevaban años derogadas.

En otros casos, países como Rusia, China o Kazajistán se centran más en la censura, la persecución cultural y restringir la libertad de expresión de las personas LGTBIQ+.

Los avances que sí se producen en otros lugares del mundo

Es justo reconocer también que hay países en los que ocurre justo lo contrario. Por ejemplo, Cuba o Botsuana han dado pasos para despenalizar la homosexualidad y reconocer derechos LGTBIQ+. El Tribunal de Justicia de la Unión Europea ha reforzado la protección del matrimonio igualitrio dentro del bloque europeo y, en España, el Congreso aprobó hace unos días que las mal llamadas terapias de conversión pasen a ser un delito penal.

El retroceso no ocurre solo en países menos desarrollados, sino que hay estados en Europa, como Hungría o Eslovaquia, que han endurecido el discurso y el marco legal.