Al salir del armario, o cuando estamos pensando en hacerlo, todas hemos sentido que ser lesbianas ocupaba demasiado espacio en nuestra vida. Es decir, que teníamos que tratarlo como un tema al margen y al que le dábamos peso en conversaciones o simplemente en nuestra cabeza en forma de dudas.

El momento de descubrir quiénes somos, el miedo a contarlo a nuestro entorno, la primera vez que lo decimos en voz alta, el querer entender lo que estamos sintiendo… En mayor o menor medida, todas hemos pasado por ahí.

Hasta que llega un día (por muy lejano que lo veas ahora) que pasa a ser una parte más de quién eres. Lo normalizas, lo interiorizas y pasa a ser algo completamente normal.

Cuando ya no piensas todo el tiempo en tu orientación sexual

Es completamente normal tener dudas al principio, pero el punto de inflexión suele ser mental. Cuando ya no nos preguntamos si somos lo suficientemente lesbianas, si lo que sentimos es ‘de verdad’ o qué etiqueta encaja mejor con nosotras.

A partir de ahí, te tomas con más calma una cita o una conversación con una chica que conoces por redes sociales. Y eso da pie a que todo lo demás surja de forma completamente natural. Para bien o para mal.

Y lo más importante es que la orientación sexual no es algo aislado en tu vida. Al contrario, es como una característica más de tu vida de la que no necesitas estar pendiente.

Lo notarás en estos pequeños gestos

Además de las situaciones anteriores, hay otros gestos que te ayudarán a confirmarlo. Por ejemplo, cuando alguien te pregunte si tienes pareja y respondas ‘sí, tengo novia’ sin preocuparte por lo que la otra persona pueda pensar o sin tener que dar explicaciones.

Cuando estás mirando pisos y mencionas a tu pareja con total naturalidad, cuando hablas con tu chica de cómo organizaros en Navidad, cuando una amiga te cuenta que está conociendo a una chica y lo tratáis con la misma naturalidad que si estuviera conociendo a un chico…

Y también ocurre con cosas aún más pequeñas: tener fotos juntas en el móvil, presentarla como tu pareja, elegir una serie para ver juntas antes de dormir o construir una rutina.

Ser lesbiana no es ningún ‘tema de conversación’

Esto tampoco quiere decir que tu orientación sexual deje de tener importancia. En absoluto. Para nosotras, ser lesbiana está muy vinculado a la comunidad, la visibilidad, las experiencias que compartimos y una historia de la que sentirnos orgullosas.

Simplemente significa que nuestra vida ya no gira alrededor de la orientación sexual. Puedes hablar de cualquier cosa (trabajo, vacaciones, familia, series, de tu casa) sin que la orientación sexual aparezca en la conversación. Y al mismo tiempo sentirte orgullosa al ver a dos mujeres darse un beso en la calle, porque te reconoces en ellas.

La tranquilidad de no tener que dar explicaciones

Este es uno de los cambios más bonitos de todo este proceso, que no es inmediato ni ocurre de un día para otro. Sentir que no tenemos que justificarnos ni dar explicaciones.

Y esta tranquilidad se compara con muy pocas cosas. Cuando no necesitas demostrar nada a nadie ni cumplir con lo que se supone que debe ser una lesbiana.

Eso sí, no te presiones. Cada mujer llega antes o después a este punto, y hay mil caminos diferentes para hacerlo. Y no tienes que ‘olvidarte’ de que eres lesbiana, simplemente vivir tu vida sin que todo gire alrededor de tu orientación sexual.