Seguro que te has encontrado con la palabra ‘tradwife‘ últimamente en redes sociales, y solo escucharla ya nos aterra. Traducida literalmente, significa ‘mujeres tradicionales’, pero vuelve a estar de actualidad por un movimiento ultra que ha comenzado en Estados Unidos y al que muchas mujeres de todo el mundo se han sumado en redes sociales.

Las mujeres vinculadas a este movimiento llevan una vida ‘idílica’: se quedan en casa al cuidado de los hijos, se dedican a las tareas del hogar y dependen económicamente (y en todos los sentidos) de sus maridos. El problema de estos discursos ultraconservadores es que ponen en duda derechos fundamentales, como el sufragio femenino que tanto nos costó conseguir.

Como lesbianas, lógicamente nos afecta todo lo que pretenda limitar los derechos de las mujeres, porque suele ir de la mano un profundo rechazo a los derechos del colectivo LGTBIQ+, la diversidad familiar y todo lo que hemos conseguido.

¿Qué significa ser una tradwife?

Este concepto viene de ‘traditional wife’, es decir, esposa tradicional. Y se usa para referirse a las mujeres que defienden un modelo de matrimonio basado en la división por roles de género: el hombre trabaja fuera de casa, es el líder del hogar y toma las decisiones más importantes, mientras que la mujer se ocupa de la casa, de los cuidados y de la crianza.

Aunque elegir este estilo de vida sea una decisión personal, el problema viene cuando algunas voces dentro de este movimiento defienden que las mujeres deberíamos perder nuestro derecho al voto en favor de nuestros maridos. De hecho, un grupo de mujeres en Estados Unidos se ha unido para decir que el feminismo es un error histórico y que las mujeres deberíamos recuperar un papel subordinado al marido.

Y lo que proponen, de momento, es ceder el voto a sus maridos y abogan por un modelo de ‘un voto por hogar’. Es decir, que cada hogar tenga un voto y que este dependa, por supuesto, de la decisión del hombre. Un relato peligroso y aterrador.

Del estilo de vida al ‘voto por hogar’

La polémica surgió en una cumbre conservadora celebrada en Texas, donde varias participantes defendieron públicamente el llamado ‘household voting’ o ‘voto por hogar’.

Una de las voces más conocidas es la influencer Savanna Faith Stone, que ha llegado a afirmar que su sistema ideal sería el del voto por hogar, siendo el marido el que tome la decisión final. Otras participantes directamente han defendido renunciar voluntariamente a su derecho al voto porque consideran que sus maridos las representan políticamente.

Por suerte, este discurso no se ha materializado en ningún proyecto político ni mucho menos, porque va en contra de la 19ª Enmienda de la Constitución de Estados Unidos, que garantiza el sufragio femenino desde 1920.

¿Por qué nos preocupa este discurso?

Porque los derechos no aparecen de un día para otro y, sobre todo, nadie los regala. Muchas mujeres lucharon con su vida por conseguir el sufragio femenino y lo defendieron incluso con su cuerpo, y el problema es que toda época de inestabilidad o crisis económicas y sociales va acompañada de una pérdida de derechos de las mujeres.

Así que, aunque eliminar el voto femenino sea prácticamente imposible, nos asusta que haya quien se plantee si quiera abrir el debate a estas alturas.

En nuestro caso, además, el movimiento tradwife centra su discurso en el matrimonio heterosexual tradicional, así que también significaría rechazar el matrimonio igualitario, las familias diversas y los derechos por los que tanto hemos peleado las personas LGTBIQ+.