No querer ser madre siendo lesbiana es una postura tan válida como querer serlo. Cuando sale el tema, escuchamos hablar de reproducción asistida, de coparentalidad o familias arcoíris, pero rara vez tenemos en cuenta a las lesbianas que deciden no ser madres.

Durante décadas, el movimiento LGTBIQ+ ha luchado para que las lesbianas podamos formar una familia con los mismos derechos que cualquier otra persona. Pero parte de esa reivindicación también defiende a las que no quieren ser madres.

Parece obvio, pero la presión social hacia las mujeres que no quieren ser madres también existe, incluso por parte de otras mujeres o del colectivo. Sin embargo, las dos posiciones forman parte de la libertad de elegir, algo por lo que hemos luchado durante mucho tiempo.

La maternidad no es una obligación, tampoco dentro del colectivo

Las lesbianas hemos tenido que pelear para acceder a técnicas de reproducción asistida, para que sus parejas fueran reconocidas como madres legales o para que las familias sean tan válidas como la que nace de una familia heterosexual. Pero que hoy existan más opciones para la maternidad lésbica no significa que todas estemos obligadas a recorrer ese mismo camino.

Algunas mujeres saben desde siempre que no quieren tener hijos, otras lo descubren por el camino. Y otras directamente tienen claro que su vida está completa de otra manera. Por ejemplo, con pareja, con amigas, con proyectos personales o con una red afectiva que no contempla la crianza. Y no, no querer ser madre siendo lesbiana en ningún caso invalida la identidad lésbica ni resta compromiso con el colectivo. Es una decisión muy personal.

La presión invisible: el entorno espera que quieras hijos

Aunque cada vez hablemos más de familias diversas, aún existe una idea bastante arraigada —sobre mujeres lesbianas, bisexuales y heterosexuales— de que en algún momento ‘llegará el instinto’ o sonará el reloj biológico.

«Cuando encuentres a la mujer adecuada, cambiarás de opinión» o «sería precioso que formárais una familia». Son comentarios que todas hemos escuchado en algún momento, sobre todo si verbalizamos con nuestro entorno nuestro deseo de no ser madres. Y lo peor es que estos comentarios llegan desde la familia, desde amistades hetero e incluso de otras lesbianas que desean ser madres o que ya lo son.

Está bien que cada mujer comparta sus propias experiencias sobre la maternidad, lo que no es correcto es asumir que ese es el camino natural de todas. Así que igual que defendemos dentro de la cultura queer que todas somos libres para diseñar nuestras propias vidas, también debemos defender que la maternidad no siempre forma parte de nuestros planes.

Ser madre siendo lesbiana es una opción

Hay otro matiz que también consideramos bastante interesante dentro de este debate. En algunos discursos sobre familias LGTBIQ+ se habla de la maternidad como una forma de ‘normalización’, es decir, de demostrar que las lesbianas también podemos formar familias estables, criar hijos o construir un hogar.

Y sí, muchas lesbianas lo hacen (y muy bien), pero muchas otras deciden que ese no es el camino que quieren seguir. Porque el reconocimiento social del colectivo no debería depender de reproducir exactamente el mismo modelo familiar que históricamente se ha considerado estándar. Y no tener hijos tampoco significa rechazar la idea de familia, porque hay tantas concepciones posibles como personas en el mundo.