Los códigos visuales han existido (y existirán) siempre dentro de comunidades y colectivos, mucho antes de que las redes sociales llegaran a nuestra vida. Sobre todo, se utilizaban cuando no había la misma libertad que hay ahora para reconocerse entre iguales en espacios públicos.
La ropa, los accesorios o ciertos gestos servían como ‘pistas’ para reconocer a otras lesbianas cuando estaba prohibido amar a otra mujer. Las lesbianas hoy estamos más presentes en el espacio público y ya no necesitamos esos códigos visuales para existir. Sin embargo, hay algunos que siguen estando presentes en cierto modo, aunque con distintos significados.
El famoso carabiner: un icono que no esperabas
Pocas piezas tienen tanta fama dentro de la cultura lésbica como un carabiner o mosquetón. No tiene ningún origen romántico ni mucho menos. Es simplemente un accesorio práctico para sujetar las llaves, herramientas o pequeños objetos personales.
Sin embargo, es cierto que con el paso del tiempo empezamos a asociarlo con entornos lésbicos, sobre todo en comunidades butch y masculinas de Estados Unidos. Hay lesbianas que lo utilizan porque les resulta útil y otras porque saben perfectamente su significado cultural.
La moda oversized y no encajar en las expectativas
Las personas oversize no es que sean exclusivas de las lesbianas ni mucho menos, sobre todo porque llevan bastantes años en tendencia. Sin embargo, sí que han encontrado un espacio propio en ciertas comunidades LGTBIQ+, con camisas anchas, pantalones baggy, chaquetas oversize o trajes con un corte ‘relajado’.
Todas estas prendas tienen en común que permiten jugar con la expresión de género de una manera que no encaja al 100% en el estándar tradicional de feminidad.
Para algunas lesbianas, es una manera de acercarse a una identidad más masculina, andrógina o ‘gender non-conforming’. Pero sea como sea, pone en valor que si eres lesbiana, no hay una única forma de vestir.
Cadenas, anillos y otros accesorios
Si hay algo que también encaja muy bien en estos códigos visuales, son los detalles y accesorios. Por ejemplo, cadenas plateadas, anillos gruesos, algunos pendientes o cortes de pelo que asociamos al imaginario de mujeres queer. Lo mismo ocurre con las uñas cortas o con combinaciones de ropa que juegan con distintos elementos.
Eso sí, todo esto responde más a referencias compartidas que han pasado de generación en generación en los últimos años que a una tendencia común o una regla escrita.
Más cultura compartida que un manual de lesbianas
La manera más sencilla de entender estos códigos visuales pasa por imaginarlos como referencias culturales. Es decir, como elementos que han surgido en un contexto histórico determinado, que han evolucionado con el tiempo y que hoy muchas lesbianas reconocen por formar parte de esa memoria colectiva. Igual que pasa con películas, símbolos o referentes culturales, pero tampoco son prueba de nada.
Si por algo destaca la comunidad lésbica es precisamente por la diversidad. Algunas mujeres se sienten cómodas con una estética butch, otras lo hacen con un estilo femenino y también las hay que prefieren vestir con las prendas que les gustan sin encasillarse en un estilo concreto. Y todo ello es válido.
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