Los discursos antifeministas no son ninguna novedad, pero sí que han ganado mucho peso en los últimos años en redes sociales, en tertulias y hasta en la política española. Y sí, todo lo que se dice sobre el colectivo feminista nos afecta también a las lesbianas.
Afecta directamente a quienes somos, a nuestra identidad, nuestros vínculos y los espacios que hasta ahora consideramos seguros.
Cuando el feminismo cuestiona estructuras, se intensifica el rechazo
El feminismo, en su sentido más amplio, cuestiona estructuras de poder que han estado normalizadas durante décadas, y eso lógicamente incomoda a una buena parte de la sociedad. Los discursos antifeministas suelen ser la primera reacción para intentar ridiculizarlo o reducirlo a una caricatura.
En nuestro caso, hay que añadir otro matiz. Nuestra existencia ya desafía una de las normas más arraigadas en todo el mundo, que es la heterosexualidad como orientación ‘estándar’. Es decir, cuestionamos por un lado el rol de género y, por el otro, el modelo de deseo que los demás esperan de nosotras. Así que si los dos discursos chocan, la conclusión es que las lesbianas sufrimos una doble presión.
La lesbofobia se cuela en narrativas aparentemente feministas
Un punto delicado, y bastante cuestionado dentro del colectivo, ocurre cuando ciertos discursos antifeministas se camuflan bajo una supuesta crítica al feminismo desde dentro. Por ejemplo, en algunos casos cuestionan la autonomía corporal, la sororidad o la interseccionalidad, pero desde una retórica de aparente neutralidad.
Y aquí la cuestión se complica bastante. El límite donde termina la crítica legítima y donde empieza la deslegitimación no siempre está tan claro. Para las lesbianas, eso se traduce en una mayor exposición a comentarios que invalidan nuestras experiencias o que directamente cuestionan nuestras relaciones.
Además, estos discursos antifeministas refuerzan estereotipos, por ejemplo, en redes sociales y en el entorno digital, con la sexualización constante o la idea de que nuestras relaciones ‘no encajan’ en ciertos marcos sociales.
Las redes sociales en 2026: un altavoz y un campo de batalla a la vez
Las redes sociales son aliadas y enemigas al mismo tiempo. Por un lado, es donde más presentes están los discursos antifeministas, pues el algoritmo prioriza el contenido que polariza, las dinámicas de viralización e incluso sexualiza una relación entre dos mujeres.
Así que una lesbiana presente en las redes sociales suele estar expuesta a muchas narrativas: negar el feminismo, ataques directos por tener una identidad no normativa… Y eso en muchos casos nos lleva a desaparecer de las redes o, al menos, a no estar presentes de manera tan activa.
El problema es que las redes son también espacios para desconectar y para hacer comunidad. Utilizadas con buena intención, son el altavoz más potente que tenemos las lesbianas (y las feministas) para visibilizarnos, apoyarnos entre nosotras y encontrar referentes. Pero no todas estamos preparadas para exponernos a discursos y críticas que desgastan con tal de defender nuestros derechos.
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