Salir del armario es un proceso tan personal que, hasta que no lo vives, no terminas de entenderlo del todo. Por muchos consejos que te den. Y aun así, hay ciertas cosas que aprendemos a base de prueba y error, o con conversaciones de madrugada con amigas que ya pasaron por ahí.
Ojalá alguien nos hubiese dicho antes que no hay una manera correcta de salir del armario, ni siquiera un momento correcto, ni una reacción estándar. Pero sí que hay consejos y aprendizajes que te pueden ayudar si aún no has salido del armario y estás pensando dar el paso. Incluso si ya has empezado con el proceso.
No tienes que salir del armario de golpe
El primer paso es entender que salir del armario no es un ‘evento único’, es decir, no es algo que hagas una vez y después te olvides. Es un proceso continuo que requiere tiempo. Además, a veces salimos del armario varias veces (con amigos, familia, el trabajo…). Y a veces, solo hablas de tu identidad a unas personas y a otras no. Y eso está bien, pues forma parte de tu autonomía.
Quizá prefieres ser más discreta en un contexto y abrirte más en otros, porque no nos sentimos igual de seguras en todos los ambientes para expresarnos con naturalidad. Salir del armario no significa contarle de golpe a todo el mundo quién eres y en el mismo momento.
Las reacciones de los demás no definen quién eres
Es uno de los consejos para salir del armario más valiosos que te pueden dar. Al principio, suelen doler mucho las reacciones de los demás, sobre todo si no son como esperabas. Siempre habrá personas que reaccionen con total naturalidad, otras con cierta torpeza y hasta de manera incómoda o con rechazo.
Esas reacciones únicamente hablan de terceras personas, pero no de ti. Haz el ejercicio de no internalizar respuestas negativas, porque si algo cambia al salir del armario es tu visibilidad, jamás tu valor.
Encontrar comunidad te puede ayudar en el proceso
Puede parecer un cliché, pero si te rodeas de las personas adecuadas, el proceso es más fácil. Y en este caso, nuestro consejo es que lo hagas con otras lesbianas o personas del colectivo, porque te van a entender mejor que muchas amigas hetero. Te pueden dar consejos si han salido del armario hace años, apoyarte en el proceso o simplemente hacerte sentir que no estás sola.
De hecho, tener referentes es importantísimo. Ver vidas parecidas a la tuya (relaciones, conversaciones, conflictos, planes…) ayuda a normalizar lo que sientes y también a quitarle peso a muchas dudas que, en realidad, son más comunes de lo que creías.
No todo el mundo necesita entenderlo (y eso está bien)
Otra lección que llega con el tiempo es que no necesitas convencer a nadie de tu sexualidad. A veces, tendemos a justificarnos, a explicar más de la cuenta y en realidad no hay nada más que decir. Y no, tu vida nunca debería ser objeto de debate.
Siempre habrá personas que lo entiendan y lo respeten al momento, y otras que no. Y no ayuda en absoluto forzar esa comprensión, pues lo mejor que puedes hacer por ti es aprender a poner límites y proteger tu energía.
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