El proceso de salir del armario no es igual para todas, pues cada lesbiana lo vive a su manera. Con tanta naturalidad que desaparece incluso ese concepto, a diario e incluso demasiadas veces a lo largo de nuestra vida. Al final, si cambia el entorno, también cambian las personas y la necesidad de volver a contar quiénes somos.
La idea de que salir del armario es simplemente ‘contarlo en casa’ es errónea, y suele venir desde fuera del colectivo. Desde dentro, sabemos que la historia es algo más compleja. Pero lo más importante es que no todas lo hacemos igual.
Cómo salir del armario en el trabajo
El entorno laboral es uno de los lugares en los que más entramos en ese armario. Ya no tanto por miedo a mostrarnos como somos, sino porque hay muchísimas variables que influyen. Las jerarquías, los contratos temporales o no querer llamar mucho la atención. Además, si acabas de llegar o no tienes demasiada confianza, seguramente no te salga exponer tu orientación sexual. ¿O irías contando que eres heterosexual el primer día de trabajo?
Por eso, hay lesbianas que deciden tratarlo con total naturalidad y hacer una referencia a su novia cuando viene a cuento. Y otras que directamente lo evitan. Y ambas están bien, porque salir o no del armario en el trabajo en ningún caso define tu compromiso con el colectivo.
Amistades: ¿un entorno mucho más natural?
Salir del armario con nuestros amigos y amigas debería ser mucho más sencillo, porque al final son la familia que elegimos. A la familia y a los compañeros de trabajo no podemos elegirlos, pero a los amigos sí, precisamente porque nos van a apoyar siempre, seamos como seamos. O se supone que deberían hacerlo.
Con ellos, a veces damos por hecho que ‘ya lo saben’, otras nos abrimos y lo contamos cuando se produce una conversación que invita a ello. Eso sí, si cambiamos de grupo de amigos o conocemos nuevos ambientes, seguramente nos toque volver a salir del armario.
Familia: un proceso más largo y con tiempos desiguales
La decisión de salir del armario con la familia quizá es la más complicada, aunque depende mucho de cómo seas y de cómo sean tus familiares. En este caso, no suele haber un momento concreto, sino que un día decidirás que estás preparada para hacerlo, si no lo has hecho ya. Hay familias que ya lo saben o se lo toman con naturalidad desde el primer momento, y otras que manifiestan cierto rechazo o que tienen que realizar un trabajo posterior hasta llegar a la aceptación.
En cualquier caso, no es ninguna obligación salir del armario con toda la familia si no lo sientes así. Todas sabemos dónde están nuestros límites y qué necesitamos para cuidarnos.
Un recordatorio que nunca viene mal escuchar: no todas vivimos esa visibilidad de la misma manera. Influyen los momentos vitales, el contexto social y nuestras circunstancias personales. Hay lesbianas que entran y salen del armario según el espacio, y otras deciden no hacerlo nunca en ciertos entornos. Y eso no invalida en ningún caso su identidad.
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