Las microagresiones no suelen hace ruido, y precisamente por eso se llaman así. Son conductas o comentarios que la mayoría de veces no se realizan con mala intención, pero eso no significa que no tengan consecuencias psicológicas a largo plazo. Y sí, también aparecen en espacios LGBTIQ+, aparentemente seguros para las lesbianas.

Por ejemplo, a través de actitudes o dinámicas que nos incomodan, nos invalidan o nos colocan en un segundo plano. Así que en estas líneas ponemos nombre a esas microagresiones, que pueden ocurrir en cualquier contexto (una fiesta, una asamblea, un colectivo, una conversación normal y corriente…).

¿Qué son las microagresiones a lesbianas?

Las microagresiones son conductas cotidianas, casi siempre involuntarias, que perpetúan ciertos estereotipos o nos invisibilizan. A diferencia de las agresiones en mayúsculas, le ponemos la etiqueta de ‘micro’ porque son ‘bromas’, suposiciones o comentarios que, a priori, se realizan con buena intención. Pero eso no significa que no hagan daño.

Tienen consecuencias en cualquier contexto y situación, pero aún más en espacios LGTBIQ+, porque son lugares que presuponemos como seguros. Además, el impacto es doble, tanto por el contenido como por el contexto. Y hace que las lesbianas tengamos la sensación de no encajar ni siquiera en espacios en los que deberíamos sentirnos cómodas.

Microagresiones concretas hacia lesbianas en espacios LGTBIQ+

Igual que hemos comentado que muchas de estas microagresiones se realizan sin mala intención, otras tienen un sesgo claramente lésbofobo. Por ejemplo, asumir que todas las mujeres del espacio son bisexuales ‘hasta que se demuestre lo contrario’ o cuestionar la legitimidad de la identidad lésbica por haber tenido relaciones en el pasado con hombres.

También aparece el fetichismo más rancio, sobre todo en espacios mixtos y compartidos. Tales como comentarios sobre nuestra vida sexual, miradas o ‘bromas’ que nos sitúan (como mujeres y como lesbianas) como un objeto de consumo ajeno. Cosificación pura y dura.

Señales de alerta en dinámicas de grupo

Las microagresiones se manifiestan de formas muy diferentes. A través de palabras, por supuesto, y de otras actuaciones no verbales.

  • Quién habla, quién no y a quién se interrumpe.
  • Cuáles son los temas prioritarios y cuáles quedan relegados a un segundo plano.
  • Ojo si las experiencias lésbicas solo aparecen en fechas señaladas, pero no se tienen en cuenta al tomar decisiones.
  • Mucho cuidado con el ‘gaslighting’ suave, es decir, cuando señalas un comportamiento o una actitud y te responden con un ‘no es para tanto’ o ‘seguro que lo has entendido mal’.
  • La ausencia de referentes lésbicos visibles y diversos dentro del espacio también es una señal de alerta.
  • El silencio, a veces, también es una microagresión.

Cómo abordarlas sin romper el espacio

Lo que conviene tener claro es que identificar microagresiones no significa generar un conflicto. Muchas lesbianas tienen miedo a alzar la voz por romper el espacio o el buen rollo que se había generado, pero hay maneras de hacerlo de manera tranquila.

Por ejemplo, explica lo ocurrido con calma, prioriza el ‘yo’ en lugar del ‘tú’ (hablar de cómo te has sentido tú en vez de cómo te han hecho sentir) o directamente pide explicaciones si una situación te incomoda. El problema es que muchas personas no son conscientes del impacto que una frase o un comportamiento pueden tener, sobre todo en espacios LGTBIQ+, en los que la seguridad se suele dar por sentado.