Ser autónoma y lesbiana es una ‘etiqueta’ que no necesariamente pones sobre la mesa cuando te reúnes con un cliente. No tiene nada que ver con el briefing, ni con el presupuesto, ni con los emails que intercambiáis. Pero de manera indirecta está presente y forma parte de quién eres, de cómo te relacionas y también de cómo te perciben.
Las lesbianas no podemos separar nuestra orientación sexual de nuestro trabajo, porque forman parte de un ‘todo’. Aún más en el caso de las autónomas, pues muchas veces desaparece el límite entre el trabajo y la vida personal.
Visibilidad de las autónomas lesbianas
Una de las primeras decisiones, aunque no siempre sea de manera consciente, tiene que ver con cuánto queremos mostrar de nosotras mismas. Hay autónomas que optan por ser mucho más visibles: hablan de su pareja con clientes con los que tienen más confianza, comparten aspectos de su vida privada en redes sociales como LinkedIn e incluso integran lo queer en su marca personal. Y hay otras que prefieren mantener esa parte privada.
No hay una opción ‘correcta’ y otra ‘incorrecta’. Las dos posturas —y las que pudieran estar a medio camino— son perfectamente válidas. Lo interesante aquí es que, incluso cuando no dices nada explícitamente, a veces alguien hace una lectura externa. Como consecuencia de una foto, un comentario, una forma de expresarte… y de repente alguien asume algo.
Clientes, códigos y lo que no siempre decimos
En la práctica, la mayoría de las relaciones profesionales no giran alrededor de la orientación sexual. Los clientes buscan resultados, profesionalidad y confianza. Ahora bien, si eres autónoma, lesbiana y tienes clientes desde hace varios años, sabrás que esas relaciones profesionales a veces se cuelan también en el terreno personal.
Y pueden dar lugar a situaciones incómodas, como comentarios heteronormativos, preguntas fuera de lugar o suposiciones que te obligan a decidir en segundos si corriges a tu cliente, ignoras el comentario o cambias de tema.
Ser autónoma también te da la libertad de elegir en qué proyectos o con qué clientes quieres trabajar, y aquí entran los valores LGTBIQ+. Seguramente te sientas más cómoda en entornos amigables con el colectivo, donde no tienes que medir cada palabra y puedes ser tú misma sin estar alerta constantemente.
Elegir (y rechazar proyectos según tus valores)
Precisamente en línea con lo anterior, cuando eres freelance te puedes permitir elegir (al menos, si ya tienes cierta trayectoria). Y ahí también tiene que ver con quién quieres y con quién no quieres trabajar. No todos los proyectos encajan con tus valores de diversidad, representación o discursos que directamente chocan con tu manera de entender el mundo.
Como autónoma lesbiana, puede que te encuentres con campañas, marcas o clientes que te incomoden, aunque no digan nada de manera explícita. Y no es fácil rechazar un proyecto por este motivo, porque implica renunciar a ingresos estables y asumir cierta incertidumbre.
Eso sí, no toda decisión es blanca o negra, pues siempre hay matices y distintos contextos. Cada uno gestiona ese equilibrio como quiere o puede, según su situación, su sector y su momento vital.
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