Las deportistas lesbianas que compiten al máximo nivel sufren discriminaciones y tienen que calcular sus palabras mucho más que las heterosexuales. Hoy, como cada 19 de febrero, se conmemora el Día Internacional contra la LGTBfobia en el deporte.
No es que falten referentes, ni tampoco talento. Es más bien ese equilibrio entre la identidad, la orientación sexual y el hecho de competir al máximo nivel siendo una mujer lesbiana.
El deporte siempre ha sido un espacio hostil
¿Por qué se celebra hoy el Día Internacional contra la LGTBfobia en el deporte? La fecha recuerda el nacimiento de Justin Fashanu, el primer futbolista profesional que hizo pública su homosexualidad y que sufrió muchísima presión mediática y social. Su historia fue la que marcó un antes y un después a la hora de hablar de diversidad en el deporte.
El foco mediático suele centrarse en hombres homosexuales en disciplinas muy ‘masculinizadas’, pero las lesbianas también sufrimos discriminación e invisibilización. Por ejemplo, muchas atletas escuchan a diario que son ‘demasiado masculinas’, y eso se utiliza para desacreditarnos en algunos contextos y para hipersexualizarnos en otros, cuando encajamos en cánones más normativos.
En el deporte de élite, muchísima gente presupone la heteronormatividad (parejas, hijos, fotos en redes…). Salirse de la ‘tendencia’ implica cierta exposición que no todas las deportistas lesbianas quieren o pueden asumir.
Patrocinios, contratos y la gestión de la imagen
En muchas otras situaciones, las deportistas lesbianas que entrenan y compiten a nivel profesional tienen que callar y ceder. Hay muchas que dependen de patrocinadores para seguir compitiendo, y sus políticas no siempre son pro-igualdad. Así que declaraciones públicas en este sentido pueden cerrar muchas puertas, y no sería la primera vez que eso ocurre.
Las mujeres ya tenemos que vivir con la presión estética constante, también en el mundo del deporte, así que ser lesbiana también significa que se hable de sus relaciones, su pareja, si es activista o no, cómo expresa su género… No olvidemos, además, que en muchos países y competiciones internacionales la homosexualidad sigue criminalizada o socialmente perseguida. Así que acudir a ciertos lugares supone riesgos reales.
Vestuarios, códigos internos y sororidad entre lesbianas en el deporte
Si en algún momento has pasado por algún equipo, ya sea profesional o como aficionada, sabes lo complicado que es estar presente en un vestuario. Es el espacio para hacer equipo, pasar tiempo con nuestras compañeras y también donde suelen construirse las jerarquías. En algunos deportes femeninos sí que hay presencia visible de lesbianas mayor que en disciplinas masculinas, pero eso no elimina tensiones a ojos de la gente.
Hay equipos en los que podemos salir del armario con total naturalidad y otros en los que sigue siendo un tema tabú. Y a veces lo decidimos nosotras mismas, pero otras viene impuesto para no llamar demasiado la atención.
Por suerte, en los últimos años hemos visto cada vez a más deportistas de élite hablar abiertamente de su orientación sexual, y eso es lo que hace que cambie un poco el relato. Igual que las generaciones jóvenes necesitan mujeres consiguiendo cosas grandes y jugando al mismo nivel que los hombres, también necesitan referentes LGTBIQ+ que hablen abiertamente de quiénes son y lo que sienten sin miedo a ser juzgadas o a sufrir después represalias.
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