¿Existe techo de cristal para las lesbianas en el ámbito laboral? Es una pregunta que no tendríamos que hacernos, pero es una cuestión que sigue a la orden del día. Las mujeres ya de por sí nos tenemos que enfrentar a esa barrera invisible que frena nuestro ascenso profesional, pero si le sumamos el hecho de ser lesbianas, el tema es más complejo aún.
No es que haya una norma al respecto, pero el techo de cristal se cuela en los procesos de promoción, a pesar de que muchas compañías presumen de políticas de diversidad. La experiencia de muchas de nosotras en ámbitos laborales nos demuestra que la igualdad formal no siempre se traduce en igualdad real. Ni aunque estemos a las puertas de 8M.
Qué es el techo de cristal y por qué seguimos hablando de él
El concepto de techo de cristal se refiere a los obstáculos invisibles que impiden a las mujeres alcanzar puestos de alta dirección, pese a tener formación y experiencia suficiente. No es por falta de mérito, sino por dinámicas estructurales, como sesgos inconscientes, culturas empresariales muy masculinizadas o falta de referentes femeninos en los puestos directivos.
En España, las mujeres siguen estando infrarrepresentadas en consejos de administración y en puestos ejecutivos. La brecha no siempre es tan evidente en las primeras etapas de la carrera profesional, pero sí que aumenta a medida que subimos puestos en la jerarquía.
¿Y qué ocurre cuando, además de mujer, también eres lesbiana? El techo de cristal también suele estar reforzado por expectativas heteronormativas. La cultura empresarial está diseñada alrededor de un modelo de liderazgo masculino, heterosexual y con ciertos códigos sociales. Así que salir del molde suele tener consecuencias.
La doble barrera: mujeres y lesbianas
El problema es que tenemos que gestionar una doble barrera de discriminación. Por un lado, por el simple machismo estructural que afecta a todas las mujeres. Por otro, la lesbofobia, ya sea más o menos explícita.
Y ojo, no nos referimos a insultos, agresiones directas, ni siquiera a despedidos. El techo de cristal en las lesbianas suele ser algo más sutil. Por ejemplo, con comentarios incómodos, silencios al mencionar a tu pareja o la sensación de que hablar abiertamente de quién eres puede ser un impedimento a la hora de crecer en la empresa. Por eso, hay muchas mujeres que todavía prefieren no salir del armario en su trabajo. Otras lo hacen y asumen el riesgo.
Además, en el trabajo también hay muchos estereotipos y prejuicios. A las lesbianas con una expresión de género más masculina (butch) se les suele atribuir mayor autoridad, pero también se les penaliza por no encajar en ciertos estándares de feminidad que deberíamos cumplir las mujeres. Y a las normativas, se las invisibiliza.
¿Qué dicen los datos sobre diversidad LTGTBIQ+ en las empresas?
Varios estudios señalan que las personas LGTBIQ+ reportan mayores niveles de discriminación laboral que la población heterosexual. Sin embargo, dentro de esas cifras generales, las lesbianas no suelen estar tan presentes en los datos, porque somos invisibles incluso en muchos informes sobre diversidad.
Las políticas de inclusión han avanzado mucho en los últimos años, pues las empresas deben tener protocolos antidiscriminación, redes internas LGTBIQ+ o planes de igualdad. Eso sí, que existan y que haya un protocolo ante agresiones no garantiza ningún cambio de mentalidad ni que vayan a desaparecer los prejuicios.
También hay un factor generacional importante. Las profesionales más jóvenes suelen exigir entornos seguros y de igualdad, pero evidentemente la falta de referentes pesa mucho. No ver a mujeres lesbianas en puestos de alto nivel envía un mensaje con un calado importante a las generaciones más jóvenes.
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