Es necesario hablar del cuerpo normativo dentro de los espacios lésbicos. Muchas llegamos a lugares LGTBIQ+ friendly buscando escapar de una mirada heterosexual, de la hipersexualización o de ciertos estándares imposibles. Pero la realidad es que aquí también existen dinámicas de validación corporal que no siempre son inclusivas.

Y no va de señalar ni de generar culpa, más bien tiene que ver con la manera en la que se construyen esas expectativas y cómo las gestionamos. Si algo caracteriza a nuestra comunidad es la capacidad que tiene para cuestionarse a sí misma.

¿Qué entendemos por un cuerpo normativo?

El cuerpo normativo siempre ha sido la figura delgada, joven, sin diversidad funcional visible y que encaja en unos cánones de belleza más o menos hegemónicos. Nada que no veamos en tantos ambientes, pero ¿cómo se reinterpretan esos códigos dentro de los espacios lésbicos?

En este caso, entran en juego ciertas estéticas —femme, butch, andro, soft masc—, identidades que expresan orientación o género y distintas maneras de habitar el cuerpo. En teoría, todas estas ‘categorías’ anteriores amplían bastante el abanico, pero la realidad es que pueden generar nuevas normas no escritas.

Por ejemplo, hay cuerpos (normativos o no) que encajan mejor en cierta estética, porque no es lo mismo ser leída como femme siendo delgada que gorda. Y tampoco es lo mismo ocupar una masculinidad que se interpreta como deseable desde un cuerpo normativo que desde uno que se sale de ese estándar.

Deseo, valoración y algoritmos

La presión estética que sufrimos las mujeres no siempre es explícita. Muchas veces, se cuela en otras cosas aparentemente neutras, como quién recibe más ‘matches’ en apps para ligar, qué cuerpos aparecen más en redes o qué parejas lésbicas son más visibles.

Las apps de citas, por ejemplo, amplifican muchísimo este concepto, pues al final, para hacer ‘swipe’ (a derecha o izquierda), nos basamos en un físico. También en gustos personales, pero el cuerpo normativo suele salir ganando.

En redes sociales ocurre algo parecido. Aunque el discurso ‘body positive’ siga tan presente, es el algoritmo el que premia ciertos cuerpos y le quita visibilidad a otros. Y eso influye mucho en nuestra percepción.

Cómo generar espacios más habitables (de verdad)

Todos estos debates que hemos tratado en estas líneas ya están sobre la mesa y se habla de ellos más que hace unos años, sobre todo en espacios LGTBIQ+ y feministas. Cada vez hay más voces dentro del colectivo que hablan de gordofobia, capacitismo o edadismo en espacios lésbicos.

Así que no se trata de eliminar el deseo, porque sería absurdo, sino de cuestionar de dónde viene. De ampliar referentes, generar espacios donde más cuerpos puedan existir sin tener que justificarse.

Si hay algo en lo que hayamos trabajado mucho en los últimos años es en construir espacios más conscientes, más diversos y más habitables para todas. Y donde tenga cabida tanto el cuerpo normativo como el que sale de ese estándar.