El poliamor y la promiscuidad se están confundiendo peligrosamente y, a veces, de forma intencionada, con ánimo de desprestigiar. Por eso, veo bien explicar cuáles son las diferencias entre ambos conceptos. 

El poliamor y la promiscuidad, dos realidades muy distintas

Antes de nada, tendría que aclarar que el poliamor es una forma de entender la afectividad y las relaciones sexuales, mientras que la promiscuidad es una actitud que solo afecta a las segundas. A partir de ahí, lo único que tienen en común es la no monogamia: se pueden tener relaciones simultáneas con varias mujeres.

¿Dónde está el problema? En el esquema de relaciones patriarcales tradicional, la monogamia se ha potenciado como modelo relacional normativo. Y, si a eso le añadimos la lesbofobia o la persecución de siempre al colectivo LGTBIQ+, el cóctel es explosivo para utilizarse contra nosotras. De ahí que debamos tener bien claro qué quiere decir cada concepto. No solo para destruir las manipulaciones contra nosotras, sino también, y sobre todo, para tener un conocimiento real y consciente.

Quiero dejar claro algo, yo no juzgo qué está mejor o peor, creo que, en este caso, no me corresponde. Pero sí debes tener una información veraz para manejarte por este mundo. Veamos: 

Poliamor

El poliamor es una práctica sexoafectiva en la cual dos mujeres que son pareja se permiten la posibilidad de tener otras parejas al margen de la relación. Ahora bien, en esta modalidad afectiva hay unos acuerdos, un orden y, en muchos casos, una jerarquización. Generalmente, hay una pareja principal y unas parejas secundarios u ocasionales. En cualquier caso, siempre va a haber unos acuerdos verbalizados previos entre las dos partes. 

Si hay una palabra que define a este tipo de vínculos es la responsabilidad. No en vano, no es posible mantener relaciones poliamorosas sin transparencia ni una gestión emocional honesta. Por eso, estos vínculos destacan por el compromiso. En realidad, y a diferencia de lo que sucede en una relación monógama, en estos casos puede haber un desafío mayor, si cabe. 

Promiscuidad

La promiscuidad se diferencia de las relaciones poliamorosas, precisamente, por la falta de orden. También se la denomina anarquía romántica y se da en todo tipo de relaciones sexuales. La idea es no tener ningún tipo de orden ni acuerdo a la hora de mantener relaciones sexuales, más allá del libre consentimiento.

Existe una segunda condición, y es que hablaríamos de varias relaciones sexuales con varias parejas ocasiones y en espacios de tiempo relativamente cortos. En estos casos, y si la situación se prolonga durante mucho tiempo, podríamos hablar, incluso, de algún tipo de trastorno. Pero, como muchas personas han tenido periodos de anarquía romántica pasajera, tampoco hay que patologizarlo necesariamente.

Lo importante, en estos casos, es señalar cuál es el «desde dónde». Si se asume la promiscuidad de forma responsable y con prácticas de sexo seguro, no traerá problemas. 

Diferenciar poliamor y promiscuidad es fundamental porque, todo lo que ayude a tener una sexualidad y afectividad consciente, es positivo. ¿Te has visto alguna vez en la frontera entre ambos conceptos? Te leo en los comentarios.