La crisis de la vivienda que estamos sufriendo en España afecta a jóvenes y a mayores por igual. Por eso, las lesbianas y colectivos LGTBIQ+ nos hemos sumado a la acampada de la Puerta del Sol de Madrid, junto a otros colectivos sociales y asociaciones vecinales, para defender el derecho a tener una vivienda digna.

El desahucio de Maricarmen hace unos días —que podrá volver a su casa después del acuerdo con la empresa propietaria y la presión que hemos ejercido en las calles— ha sido la gota que ha colmado el vaso. De momento, el Sindicato de Inquilinas e Inquilinos de Madrid valora como un «cambio de paradigma» los dos decretos que el Gobierno ha aprobado hoy en el Consejo de Ministros.

El colectivo LGTBIQ+ nos sumamos a la acampada

La acampada en Sol a raíz del desahucio de Maricarmen ha vuelto a evidenciar los problemas que tenemos para acceder a una vivienda digna, ya sea en forma de alquiler asequible como de compra de una propiedad a un precio justo.

Por eso, colectivos sociales, asociaciones vecinales y representantes del mundo de la cultura nos hemos sumado a la movilización para exigir respuestas al problema que afecta a buena parte de la sociedad española.

Recordemos que el acceso a una vivienda digna está contemplado en el artículo 47 de la Constitución Española. Y todas tenemos derecho a ello.

Para las personas LGTBIQ+, nuestra familia no siempre es un entorno seguro, y por eso muchas lesbianas se tienen que ir de casa a una edad temprana, en una situación muy precaria o compartir piso con otras compañeras.

Así que luchamos para que todas las lesbianas tengamos la posibilidad de emanciparnos, elegir en qué barrios queremos vivir y construir nuestro proyecto de vida sin depender de otras personas. Y sin tener que pertenecer en un espacio que no respeta quiénes somos.

Cómo afecta la crisis de la vivienda a las mujeres lesbianas

El encarecimiento de los alquileres y las dificultades para acceder a una vivienda en propiedad afectan a personas con perfiles muy distintos. En nuestro caso, además de los obstáculos económicos, entran en juego otras circunstancias, como la discriminación por nuestra orientación sexual o la falta de apoyo familiar.

Por ejemplo, una chica joven sin apoyo familiar se puede sentir obligada a emanciparse antes de tiempo para vivir libremente, aunque no disponga de los recursos económicos para hacerlo. También hay mujeres que sufren la dificultad de encontrar una vivienda asequible después de una ruptura sentimental.

La discriminación en el acceso al alquiler está prohibida por ley. De hecho, la Ley 13/2025 de derechos de las personas LGTBI establece que debe haber igualdad de trato en las relaciones contractuales de acceso a la vivienda. Pero si has intentado buscar piso, tienes una apariencia masculina o has tenido que fingir que tu chica y tú sois amigas, sabes bien que la ley no siempre se cumple.

Por eso, y por tantos otros motivos, las lesbianas nos sumamos también a la acampada del Sindicato de Inquilinas, feministas, colectivos LGTBIQ+, asociaciones vecinales y de defensa de los derechos sociales.