Las lesbianas y los homosexuales en general siempre hemos sido los monstruos, los otros, los corruptores, los extraños. Por eso, hoy te voy a hablar de terror lésbico.

La historia de las mujeres homosexuales en el terror comenzó con La hija de Drácula en 1936. El terror lésbico se presentaba como depredador: “¡Salvad a las mujeres de Londres de la hija de Drácula!”, rezaba el eslogan de la peli. En 1942, el guionista gay DeWitt Bodeen volvía a utilizar esta narrativa con el personaje de Cat People, que seguía siendo una depredadora, pero era más triste y simpática.

Desde estos primeros años de Hollywood, las mujeres lesbianas han continuado presentándose en la pantalla como depredadoras terroríficas (Alucarda, The Hunger, High Tension), y consideradas como deliciosas depredadoras (Rocky Horror Picture Show, Jennifer’s Body), luchando como depredadoras reticentes (Memento Mori, Good Manners, Thelma), o alguna combinación extraña al volverse unas contra otras (Lyle, What Keeps You Alive, The Perfection). Esto es lo que consideramos el terror lésbico.

Pese a todo, el terror lésbico nos pone por depredadoras, no nos hace víctimas

A pesar de los horrores a los que siempre nos hemos enfrentado las mujeres homosexuales en la vida real, nuestro cine de terror lésbico nos ha ahorrado en gran medida el papel de víctimas. El intento de convertirnos en monstruos nos ha permitido ser humanas, experimentar un abanico de bondades y maldades. Pero eso no significa que no haya todavía un hueco en el cine para explotar nuestros traumas en busca de una catarsis sangrienta. Al fin y al cabo, forma parte de nosotras tanto como nuestro poder. La nueva película de Pat Mills y Alyson Richards, “The Retreat”, intenta llenar ese vacío, con resultados discutibles.

The Retreat, un nuevo tipo de terror

The Retreat comienza con tomas aéreas del bosque. Una pareja de homosexuales -dos hombres- se dirigen a una barbacoa gay. Bromean sobre un camión con testículos de metal y sobre cómo se conocieron. De repente, oyen un ruido y rompen una regla del cine de terror: siguen el ruido. Acto seguido, un hombre ha desaparecido, y el otro no tarda en seguirle. Una misteriosa criatura les ataca, y no parece un oso.

A continuación, conocemos a nuestra pareja principal, la que tiene alergia al compromiso y no sabe hacer café: Renee (Tommie-Amber Pirie) y a Valerie (Sarah Allen). Conducen por la misma carretera del bosque, y tienen una inquietante conversación en una tienda antes de llegar a la barbacoa. La cosa es que, en vez de pensar que es raro que no haya nadie, deciden dar un paseo por los hermosos bosques de Ontario y hacer un picnic.

La película es entretenida. Tommie-Amber Pirie es una heroína de cine de terror lésbico totalmente comprometida y lleva la historia con actitud más masculina. Los giros y vueltas pueden ser esperados, pero siguen siendo resultones. Y es muy divertido ver a una pareja de lesbianas recién salidas del armario abrirse camino en este tipo de películas de terror después de tantas décadas de personajes estándar. Más que nada, The Retreat demuestra que necesitamos más películas como ésta. Las mujeres homosexuales aparecen en el cine de terror desde hace casi un siglo: ya es hora de que se cuenten más historias nuestras.

Dime, ¿has visto esta película?