La diferenciación entre homosexualidad y heterosexualidad, en algunos casos, tiene matices. El Informe Kinsey, con cerca de 80 años ya, planteó con metodología científica que habría que hablar, más bien, de un contínuum sexoafectivo. Te cuento cómo se hizo porque fue un claro precursor de la teoría queer

El Informe Kinsey, o el contínuum entre heterosexualidad y homosexualidad

Alfred Kinsey era un zoólogo que, un determinado momento, puso el foco de sus estudios en la sexualidad humana. No solo sobre la orientación sexual, sino también sobre las prácticas, el sexo prematrimonial y la frecuencia. 

Para ello, Alfred Kinsey planteó, en 1948, un informe en el que, más que combinaciones binarias entre homosexualidad y heterosexualidad, pretendía mostrar distintas graduaciones. Para ello, tomó una muestra de 12.240 individuos, varones y mujeres (5.940, concretamente), estadounidenses. El sesgo es evidente porque reclutó voluntarios desde el ámbito universitario, pero también lo es que en los Estados Unidos existía mayor libertad para hacer estudios que en otros países occidentales o no. Sin embargo, se podría decir que ese sesgo es inevitable en cuestiones tan íntimas como la sexualidad en la década de 1940. 

Con esa información, publicó dos libros: Conducta sexual en el varón (1948) y Conducta sexual en la mujer (1953). Los principales aspectos del informe que, todavía hoy, se conservan, son estos: 

1. Establecimiento de una escala

En vez de establecer una división binaria entre homosexualidad y heterosexualidad, Kinsey propuso una escala (la famosa escala de Kinsey). Desde un 0, que sería para comportamientos totalmente heterosexuales, hasta un 6 para comportamientos 100 % homosexuales, pasando por un 3 para la bisexualidad. También incluyó, y en eso fue pionero, una X para las personas asexuales. De esta forma, era más fácil observar visualmente cuál era el comportamiento de las personas adultas estadounidenses. 

2. Metodología científica

La metodología científica fue otro de los aspectos importantes del estudio. Se hicieron encuestas privadas donde cada adulto podía establecer si había tenido experiencias con personas del mismo sexo. Los resultados, sorprendentes para la época, fueron que hasta un 13 % de las mujeres habían tenido alguna experiencia lésbica en algún momento de su vida (y sí, ya lo decíamos más que los hombres). Sin el informe, hoy no podríamos hablar de sexología tal y como la conocemos, sino de teorías, como las que esbozó el psicoanálisis en el pasado. 

3. El informe Kinsey contemplaba ítems más amplios

Además de las graduaciones, se indicaba si las experiencias eran solo con el sexo contrario, ocasionalmente con el mismo sexo, con más frecuencia o bisexualidad. De hecho, las encuestas que realizó para su informe tenían 300 preguntas distintas de todo tipo relacionadas con la sexualidad. El objetivo era conseguir una fotografía lo más exacta posible de la sexualidad de los y las estadounidenses. Y lo cierto es que este continuum sirvió para romper con muchos tabús. 

El Informe Kinsey, con su correspondiente escala, abrieron el camino a la Revolución Sexual de la década de 1960. Y, aunque en algunos aspectos tenga fallos, sigue siendo una referencia imprescindible. ¿Estás de acuerdo con lo que señalaba? Me gustará leer tu opinión en los comentarios.