Las lesbianas de generaciones recientes tenemos aplicaciones para ligar, para conocer a otras mujeres del colectivo y, en definitiva, acceso a redes sociales y a internet para informarnos o conocer las experiencias de otras lesbianas. Pero hasta hace poco tiempo, eso no era así. Entonces… ¿Cómo se organizaban las lesbianas antes de internet?

Las generaciones que nos preceden no tenían redes sociales, ni aplicaciones de citas, pero sí que existían comunidades de lesbianas. ¿Y cómo se conocían? Básicamente, construyendo espacios físicos o directamente a través de contactos personales. Además, identificar a otra lesbiana en un espacio no LGTBIQ+ requería bastante intuición —lo que hoy llamamos ‘lesdar’— y valentía. Hubo un tiempo en el que ser lesbianas incluso era delito en España.

Bares, asociaciones y espacios seguros

Durante buena parte del siglo XX, y sobre todo tras la llegada de la democracia, los bares y locales de ocio eran puntos de encuentro para las lesbianas. En muchas ciudades, había algunos lugares conocidos —a veces más discretos y otras algo más visibles— para conocer a otras mujeres lesbianas.

Las lesbianas no iban solo a ligar (que también). Iban a informarse, a compartir experiencias o simplemente a ser ellas mismas lejos de la heteronormatividad. Incluso en algunos lugares, había ciertos códigos implícitos, como reservar determinados días de la semana para las reuniones entre lesbianas, ciertas mesas de un local o formas de vestir que nos permitían reconocernos entre nosotras.

En España, sobre todo durante la transición y los primeros años de la democracia, aparecieron asociaciones LGTBIQ+, en las que las lesbianas empezaron a organizarse políticamente.

El boca a boca fue la ‘red social’ de las lesbianas antes de internet

Hoy, compartimos en redes sociales todo lo que nos gusta y hacemos recomendaciones a los nuestros. A través de internet, sí, pero es el boca a boca al fin y al cabo. Durante años, la forma más habitual de conocer a otras mujeres lesbianas era a través de amigas, compañeras de militancia o contactos en común.

Por ejemplo, una amiga te llevaba a una fiesta privada y en ella conocías a alguien que te hablaba de un colectivo feminista. Y en ese colectivo, descubrías un grupo de lectura lésbica o terminabas en una reunión informal en casa de alguien. Y así, poco a poco, las lesbianas iban creando pequeñas redes que conectaban a mujeres de distintas ciudades o ámbitos.

Servían para socializar, compartir información sobre derechos, salud, literatura lésbica o lugares donde sentirse más seguras. También para ligar, pero destacaban sobre todo por ser espacios offline basados en la confianza.

Fanzines, revistas y cultura lésbica

Otro elemento del que tenemos que hablar sobre la organización de las lesbianas antes de Internet son las publicaciones impresas. Antes de los blogs y newsletters que hoy leemos, existían fanzines, revistas feministas y boletines de colectivos con textos, manifiestos, relatos y noticias sobre las lesbianas.

Llegaban al público correcto, tras su distribución en librerías alternativas, centros sociales o durante encuentros feministas. Y muchas mujeres lo tomaban como una pequeña revolución personal. Al fin y al cabo, era una prueba fehaciente de que no estaban solas.

Así que sí, también había lesbianas antes de Internet que se organizaban y formaban comunidad, porque las redes no nacen de las plataformas (aunque faciliten las cosas), sino de las personas que están en ellas.