La literatura lésbica viaja mucho más lejos cuando se traduce a diferentes idiomas. Todas hemos leído en algún momento novelas, relatos, poemas e incluso artículos de revistas traducidos a nuestra lengua, ¿pierden matices cuando eso ocurre?
Partimos de la base de que la traducción no se basa únicamente en traducir una palabra de un idioma a otro, y es una de las reivindicaciones de cada 30 de septiembre, Día Internacional de la Traducción. Al traducir cualquier texto a otro idioma, lo importante es que mantenga la esencia y traslade una época, una cultura o una manera concreta de ver el mundo.
En el caso de la literatura lésbica, tiene mucha más ‘miga’ si cabe, pues hay palabras que hablan de deseo, identidad o vínculos que adquieren un significado diferente al pasar de un idioma a otro.
Hay palabras que no significan exactamente lo mismo
Uno de los grandes retos al traducir literatura lésbica está en los términos relacionados con la identidad y la orientación sexual. Es decir, palabras que hace unos años no existían y hoy se han colado por completo en nuestro vocabulario. La mayoría vienen de las redes sociales y las utilizamos con absoluta naturalidad, pero es posible que no tengan una traducción literal en otro idioma o que las connotaciones sean diferentes por las circunstancias otra lengua.
Y por eso, tampoco es lo mismo una novela que nos presenta a una mujer claramente lesbiana, homosexual o queer, que el texto que habla solo de ‘una mujer que se enamora de otra mujer’. Las palabras al final aportan muchísima información. Recordemos que lo que no se nombra, no existe.
También hay un riesgo enorme con el que tienen que lidiar las buenas traductoras en el caso de la literatura lésbica muy antigua. La manera de hablar y de relacionarse hace siglos no era la misma que hoy, así que no tendría sentido una traducción actualizada a nuestra manera de hablar. Correríamos el riesgo de que parezca que ese personaje vive en 2026 y no en otro momento histórico muy diferente.
El contexto forma parte de la historia en la traducción lésbica
Hay muchísimas referencias históricas que no se entienden tan bien fuera de su contexto o de sus fronteras. Por ejemplo, referencias a movimientos sociales, expresiones coloquiales, referencias históricas… Lo que es evidente para una lectora local, necesita el trabajo de una buena traductora para quienes leen la obra traducida.
Una novela que esté ambientada en la comunidad lésbica de Nueva York, París o Buenos Aires es probable que tenga códigos culturales que se nos escaparían sin una buena traducción.
Igual que el lenguaje del deseo y de las relaciones entre mujeres tiene matices. Imaginemos una frase que en su idioma original es íntima, pero traducida puede sonar provocadora, ambigua e incluso fuera de contexto si la traducción se hace literal y no se tiene en cuenta el contexto y esos matices.
Así que no, la literatura lésbica no se basa solo en traducir palabras. Una buena profesional tiene que hacer matices y valorar cuánto explica, adapta y deja tal cual en un texto.
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