Un barrio lesbianfriendly nació, en sus inicios, como un lugar de resistencia. Esto es importante no olvidarlo y tiene su sentido. Si en Chueca se celebra todos los años el Orgullo es porque este barrio se convirtió en un símbolo de libertad. Sin embargo, quizás este sea el momento de hacer un análisis sosegado de las ventajas e inconvenientes, para nosotras, de estos espacios. 

Ventajas de un barrio lesbianfriendly

La primera ventaja obvia de un barrio lesbianfriendly es que es un espacio seguro, y eso no es poco. Cuando la sociedad era estructuralmente homófoba, estos eran espacios de tolerancia y libertad. Con el tiempo, han ido evolucionando, pero la esencia sigue siendo esa, poder ser lo que somos. 

En segundo lugar, estos lugares hacen más fácil conocer a personas como tú. Desde tu vecina a la peluquera, o la camarera del bar donde tomas el café. Es evidente que esta es una buena manera de hacer amistades y tener un sentimiento de pertenencia a un lugar. Si tenemos en cuenta que muchas personas proceden de entornos religiosos conservadores, de pueblos o que se han visto abocadas al sexilio, no es una cuestión menor. Aunque solo sea para sentirte arropada, ya es bueno. 

Y, además, estos espacios se han convertido, también, en centros culturales y lúdicos. Por ejemplo, la fiesta del Orgullo en Chueca, entre finales de junio y principios de julio, convierte el barrio en un centro de ocio de primer nivel en Madrid. Pero esto es lo que nos encontramos, también, en las principales capitales europeas y occidentales. 

Desventajas de un barrio lesbianfriendly

Quizás la principal desventaja de los barrios lesbianfriendly es que, en muchos casos, pueden «morir de éxito». Lo cierto es que son espacios todavía necesarios, pero la buena noticia es que pertenecer al colectivo LGTBIQ+ se convierte en algo mainstream.

Por ejemplo, y sin salir de Madrid, esto lo vemos en barrios contiguos a Chueca, como Malasaña. Significa esto que se pierde su esencia: no, pero, realmente, los barrios lesbian o gayfriendly se pueden convertir más en un icono cultural, de referencia y resistencia que en otra cosa. Además, y aunque minoritarios, ha habido algunos grupos del colectivo que critican que las festividades del Orgullo, tal y como se plantean hoy, supondrían un estereotipo, con el que no todas ni todos se tienen por qué sentir identificados. 

Y existe un problema que no podemos obviar: la posibilidad de vivir en estos entornos. No todas las lesbianas pueden permitirse económicamente vivir en determinados barrios, lo que puede generar, poco a poco, una brecha. Conviene no olvidar esta cuestión porque hay quien tiene que vivir en Usera o en Leganés, y no por eso deja de ser del colectivo. La gentrificación está ahí, es un fenómeno innegable. 

La existencia de un barrio lesbianfriendly es, en principio, una buena noticia para nosotras porque es un espacio de libre expresión. Es verdad que la tendencia, en las grandes ciudades, es que existan más centros fuera del centro, pero siguen siendo referencias. ¿Cuál es tu opinión sobre estos lugares? Te leo en los comentos.