Pasaron por encima de las normas sociales, burlaron las imposiciones religiosas y normalización su relación, convirtiéndose en las primeras lesbianas casadas por la Iglesia. Ocurrió en la Galicia de 1901 y ésta es su historia.

Marcela y Elisa eran dos maestras que mantenían su relación a escondidas, como tantas otras mujeres de su época. Sin embargo, un día decidieron celebrar su boda por la Iglesia, siendo así las primeras lesbianas casadas en España y las únicas, que se sepa, que lo hicieron por la Iglesia.

Marcela y Elisa, lesbianas casadas por la Iglesia

Su osadía fue descubierta y las consecuencias no se hicieron esperar. Su historia no tiene final feliz porque la pareja tuvo que huir de su A Coruña natal ante la persecución y el escarnio que sufrieron. Hoy día, con el matrimonio homosexual legalizado, su historia de amor y rebeldía nos traslada a la realidad de una época en la que las mujeres no lo tenían fácil y, las lesbianas, mucho menos.

Más de un siglo después, lo que fue motivo de burla y de ira se ve como un acto de heroicidad que quiere ser compensado con la dedicatoria de una calle. La comunidad LGTBI se mira en su espejo, los medios de comunicación hablan de ellas como pioneras y muchos políticos abanderan su causa.

Pioneras e incomprendidas

La valentía de Marcela y Elisa, que decidieron contraer matrimonio y ser las primeras lesbianas casadas sin duda merece reconocimiento, puesto que podía haber tomado el camino menos complicado, vivir juntas como amigas y guardar las apariencias.

El revuelo que se organizó con su boda no sirvió para mostrarlas al mundo como pioneras sino todo lo contrario. En un tiempo en el que la homosexualidad se debía esconder los diarios se llenaron de titulares que se mofaban de ellas. Su historia trascendió las fronteras, no solo gallegas sino españolas pero nadie comprendía que pudiera haber dos lesbianas casadas.

Para celebrar el enlace Elisa se hizo pasar por Mario. Con una americana, camisa, corbata y complementos masculinos, pasó por un hombre joven sin problemas. Así obtuvo el permiso para casarse con su novia, Marcela. Su error fue volver a su pueblo, donde se descubrió el engaño.

Lesbianas casadas, historia de amor con final triste

Se conocieron cuando estudiaban magisterio y se enamoraron. La familia de Marcela trató de separarlas enviándola a Madrid pero la distancia no pudo con su amor. Poco tiempo después se reencontraron en Galicia. Vivieron juntas como compañeras, algo habitual entre maestras, hasta que decidieron casarse.

Tras la boda, una carta anónima alertó del “timo” a la Iglesia. Elisa (Mario) fue obligada a someterse a un examen médico. El pueblo trató de lincharlas, fueron procesadas y tuvieron que huir. Se trasladaron a Oporto, donde vivieron como marido y mujer durante un tiempo pero volvieron a ser descubiertas y detenidas. En esta ocasión, el apoyo de las activistas portuguesas sirvió para que las liberaran a los pocos días y acabaron marchándose a Argentina.

Elisa vivió como mujer y se casó con un hombre mucho mayor. En su casa convivían con Marcela. La negativa de Elisa a mantener relaciones sexuales despertó las sospechas del marido, que descubrió su identidad y la denunció. De nuevo tuvieron que huir. A partir de este momento se pierde su pista y no se sabe qué fue de ellas.

Su historia fue recogida en el libro “Elisa y Marcela, más allá de los hombres” (Narciso de Gabriel, Libros del Silencio, 2010). Ahora hay un proyecto para trasladar su vida a la gran pantalla.