No hay muchos, es verdad, pero los espacios para lesbianas son una oportunidad de autoexpresión segura. Ahora bien, ¿todo son ventajas? Vamos a ver cuáles son los pros y los contras para valorar.
Espacios para lesbianas: qué son y las oportunidades que ofrecen
En los últimos años, los espacios para lesbianas han crecido, aunque, digamos la verdad, no al mismo nivel que para hombres gays. Ahora hay bares y clubes para nosotras, asociaciones e, incluso, algún círculo de mujeres u hotel. También hay apps de citas específicas. En el ámbito informal, también existen playas donde las lesbianas y queer son un grupo importante.
El punto favorable de estos espacios está en la libertad de autoexpresión. Al final, lo que buscamos, como seres humanos, es ser lo que somos, ni más ni menos. Y, cuando hay un condicionamiento hostil o residuos de patriarcado, tener lugares donde no nos van a juzgar es positivo. Este es el principal elemento que justifica su existencia. Si la sociedad fuese totalmente abierta, tolerante o inclusiva, quizás ser lesbianas fuese anecdótico a nivel social; todavía no es el caso.
Asimismo, los espacios para lesbianas son, también, lugares para conocer otras personas como tú o con las mismas inquietudes. Y, sobre todo, en sociedades más conservadoras y cerradas, son una oportunidad de socializar y oxigenarse. Sobre todo en las primeras etapas, es una forma de hacer comunidad. Relacionarse es más fácil en estos ámbitos porque somos menos y aquí sí encontramos gente como nosotras.
Pero es que, además, los espacios para lesbianas también nos dan privacidad, algo que no debes desdeñar. ¿No te has sentido alguna vez como una atracción de feria? Pues bien, cuando existe el elemento de la exclusividad, este punto se elimina y juega a tu favor. Tener lugares y espacios donde no se tengan que dar explicaciones es bueno.
Los inconvenientes que pueden tener los espacios para lesbianas
Los espacios específicos para nosotras pueden tener, también, su contraparte. Y no hemos de negarlos por una falsa concepción de la sororidad. Al final, se trata de actuar de forma madura y no todos los grupos de mujeres lesbianas son saludables.
El principal problema que nos podemos encontrar es el de la endogamia. En determinados espacios, esta seguridad ha degenerado en zona de confort y no existe un especial interés en conocer más allá de nuestro entorno. Entonces, es posible que esto se acabe convirtiendo en un impedimento para conocer otras personas. No en vano, a veces, en nombre de la solidaridad de grupo, nos podemos autocensurar.
Otro inconveniente, relacionado con el primero, son las actitudes sectarias. A veces, este sentimiento de pertenencia se realiza mediante la autoafirmación, pero otras es a través de la exclusión del otro. Hay que estar ojo avizor ante estas actitudes para que no acaben siendo tóxicas para nosotras. Ser lesbianas no nos hace mejores ni peores que nadie, simplemente diferentes.
En definitiva, aunque el papel de los espacios para lesbianas es, en general, positivo, no hemos de ser acríticas. Hay lugares donde se generan actitudes poco saludables y hemos de ser asertivas para distinguir el grano de la paja. ¿Cuál ha sido tu experiencia? ¡Cuéntame!
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