La fiesta del Orgullo, que se empezó a celebrar en 1970 por los sucesos del Stonewall en Nueva York, es uno de nuestros grandes hitos. Y, aunque el balance general es positivo, no tenemos por qué rehuir la autocrítica: no es oro todo lo que reluce. En este artículo pongo en una balanza los pros y los contras que tiene esta celebración para nosotras. 

La fiesta del Orgullo: luces

En primer lugar, el Orgullo es la principal oportunidad anual que tenemos de visibilización. Y esto no es solo para las lesbianas, sino para toda la comunidad LGTBIQ+. Esto es importante, en tanto en cuanto no todas las personas tenemos espacios para vivir en libertad, sobre todo en zonas rurales o espacios opresivos. 

El Orgullo es, también, una fiesta de reivindicación. Sigue habiendo una discriminación brutal en varios ámbitos, incluido el profesional. Por lo tanto, es un día interesante para recordar cuál es la agenda del colectivo. No podemos, en ningún caso, olvidar que sigue habiendo personas discriminadas laboralmente o víctimas de acoso. Y, también, hay que presionar para que los Planes contra el Acoso LGTBIQ+ se cumplan. 

La festividad del Orgullo es, también, una oportunidad de socialización, sobre todo en las grandes ciudades. No en vano, en Madrid o en Barcelona se dedica una semana de actividades que es ideal para conocer gente. Y, en ciudades occidentales, también se celebran festivales LGTBIQ+, coincidiendo con estas fechas. Esto puede ayudar, sobre todo, a lesbianas jóvenes o que han salido del armario recientemente, aunque también hay locales específicos. 

Sombras del Orgullo

El Orgullo tiene un problema, que es el de los estereotipos asociados al colectivo. Y, concretamente, a las lesbianas. Hay casos en los que se aceptan estereotipos, pero otros en los que no. Por lo tanto, nos podemos encontrar con que se refleje un estereotipo de ser lesbiana que no coincida con lo que somos o nos sentimos. Este es el riesgo de todas las movilizaciones masivas. 

Las interseccionalidades no resueltas o discrepancias internas son otro de los problemas que, quizás, en el Orgullo quedan tapadas. A veces hay enfoques distintos entre gays y lesbianas, o lesbianas racializadas y las que no lo están. El paraguas común puede ser positivo, pero, también, supone igualar cuestiones o problemáticas que no necesariamente son iguales. Por ejemplo, dentro del colectivo hay una polémica muy fuerte con respecto a la gestación subrogada, que a veces se intenta soslayar. 

La difuminación de algunas reivindicaciones es otra de las sombras con que nos podemos encontrar. ¿Por qué? Porque cuestiones específicas como la agenda lésbica pueden quedar apartadas. Por esa razón, ahora existe un día específico para nosotras, el Día de la Visibilidad Lésbica (26 de abril). Es una variable de lo que indiqué anteriormente de las interseccionalidades no resueltas.

La Fiesta del Orgullo no ha perdido, en absoluto, su vigencia y valor. Pero hemos de mantener un sentido crítico y no aceptar cualquier premisa en nombre de la unidad del colectivo. Yo, cada vez tengo más claro que, Orgullo sí, pero leyendo manifiestos y programas. ¿Qué piensas tú?