El lema ‘Love is Love’ —o ‘amor es amor’— se utiliza mucho para reivindicar los derechos de las personas LGTBIQ+, porque amar a quien quieras es un derecho innegociable. Y hasta ahí todo bien, pero si rascamos un poco, nos damos cuenta de que el ‘love is love’ no siempre refleja nuestras experiencias como lesbianas.

Nuestras formas de relacionarnos, vincularnos, desear o nuestras estructuras afectivas van mucho más allá del amor como verbo romántico. Es decir, que aunque entendemos que ha servido durante muchos años para visibilizar el matrimonio igualitario o los derechos básicos, está muy enfocado en lo romántico y en lo normativo si tenemos en cuenta nuestra diversidad.

Más allá del ‘Love is Love’: diversidad afectiva y sexual de las lesbianas

El lema ‘Love is Love’ significa literalmente que ‘amor es amor’, es decir, que está bien amar a quien quieras, y suele aparecer en términos de romance o de pareja. Pero las lesbianas sabemos que hay más formas de amar, además de las convencionales.

Por ejemplo, algunas mantenemos relaciones basadas en el deseo sexual sin el romanticismo clásico. Otras, buscamos vínculos más emocionales sin etiquetas, y también existen formas de afecto que no encajan en la idea de ‘pareja’. Así que está bien celebrar el amor, pero no podemos reducir nuestras experiencias como lesbianas al amor romántico. Porque eso sería caer en la norma heteropatriarcal que marca cómo deben ser los vínculos afectivos.

El amor romántico es un estándar

¿Qué entendemos por amor romántico? Monogamia, una relación de pareja ‘centralizada’, estabilidad emocional basada en ese acuerdo de exclusividad en la otra persona… Todo esto es perfectamente válido y para nada lo demonizamos. De hecho, muchas de nosotras tenemos relaciones lésbicas basadas en ese amor romántico, pero hay mucho más.

Son una parte de nuestra realidad, pero también hay lesbianas que practican el poliamor, las relaciones abiertas, que aman sin necesidad de formalizar la relación o que priorizan los vínculos de comunidad, los cuidados mutuos o el sexo ocasional sin romanticismo por medio.

Así que podemos decir que el ‘Love is Love’ es un buen punto de partida, pero no se debería utilizar como un concepto más amplio que nos represente a todas.

¿Y qué lema nos incluiría de verdad?

La solución para reconocer la diversidad está en ‘expandir’ el ‘Love is love’ de las lesbianas y el resto del colectivo. Entender que hay muchísimas maneras de amar y que todas son válidas. Sea cual sea, debería ser un lema mucho más inclusivo y que refleje que no importa solo con quién te casas o vives, sino cómo se construye el mundo afectivo y sexual según nuestros deseos y necesidades.

Si algo nos ha enseñado la historia del activismo lésbico es que hay que visibilizar lo que no encaja en la norma. Así que, aunque el ‘Love is love’ es un lema potente, necesitamos ampliarlo para que represente todas nuestras formas de amar y de vivir.