Los conceptos de lesbianismo y queer se superponen cada vez más y, a veces, se utilizan indistintamente. Pero, como no son lo mismo, es bueno que haga diferencias, sobre todo si hay relaciones íntimas. ¿Me acompañas?
Lesbianismo y queer: existen, pero no es lo mismo e influyen en las relaciones
Una realidad indudable es que, ahora, las personas de la Generación Z tienen más tendencia a identificarse como bisexuales o queer, a diferencia de lo que sucedía con los Millennials. Esto, en principio, no es malo, en tanto en cuanto amplía nuestros espacios seguros y explica que haya menos bares específicos para lesbianas y más locales queer.
Ahora bien, ¿deben desaparecer estas etiquetas? Creo que no, si hay personas que las consideran necesarias para definirse. Ahora estamos en tiempos de nuevas identidades de género y de una sexualidad más fluida, sí, pero el lesbianismo como tal sigue existiendo. Hay mujeres a las que solo les gustan las mujeres, punto, y no tiene tampoco nada de malo.
De hecho, son cada vez más las personas en Occidente que se autoidentifican lesbianas y queer. Pero aquí es necesario marcar claramente las diferencias, sobre todo en relaciones que impliquen contacto íntimo o afectivo. Pongamos algunos ejemplos:
1. Lesbianismo y queer: relaciones de pareja
En una relación de pareja, si una persona es lesbiana y otra es queer, tiene que quedar claro desde el principio. Porque, si va más allá de una cuestión definitoria, a una mujer queer también le podrían atraer los hombres, en un determinado momento. Esto no implica que la relación no pueda ser fiel y monógama, si así lo establecéis, pero la base debe ser clara.
2. Establecimiento de acuerdos
El establecimiento de acuerdos debe, también, establecerse de forma clara y asertiva. No vale, en ningún caso, utilizar la manipulación emocional, ni por un lado ni por el otro, si se quiere una relación abierta. Cada una de las partes tiene derecho a decir «no» y, en este caso, no se debería utilizar el argumento de la «apertura mental». El establecimiento de límites es saludable, bien enfocado.
3. Honestidad en la relación
La honestidad en la relación es fundamental, de principio a fin. No solo estableciendo las bases, sino, también, en lo que pase «durante». A veces hay dudas, problemas o cuestionamientos internos. Aquí lo mejor es hablarlo, sobre todo si es algo que tiene que ver con las atracciones que experimentemos.
4. No presión a la otra parte
Nunca hay que presionar a la otra parte, fuera de lo que es una comunicación asertiva saludable. Si tu pareja no quiere experimentar nuevos caminos, es libre de hacerlo, de la misma manera que también lo es para no hablar de su orientación sexual con su familia. Estos límites, que pueden ser más polémicos cuando hablamos de una persona lesbiana con una queer, son también una forma de reconocer a la otra.
Las identidades de lesbianismo y queer, en ocasiones, se superponen, pero en otras no, y esta fijación es importante a la hora de iniciar relaciones. ¿Cuál ha sido tu experiencia personal? Cuéntamelo en comentarios…
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