Los discursos ultraconservadores han crecido en los últimos años en todo el mundo, y en España no nos libramos tampoco de ellos. De hecho, lo que hace unos años se limitaba a ciertos espacios o entornos políticos, ahora se ha ‘colado’ en parlamentos, gobiernos, medios de comunicación y redes sociales.
Lógicamente, estos discursos no son exclusivamente políticos y tienen consecuencias para el colectivo LGTBIQ+, hasta el punto de que afectan a nuestra propia seguridad y supervivencia. Y ponen en riesgo todos los avances que hemos conseguido en los últimos años.
Cuando el odio deja de ser marginal
Una de las principales consecuencias de esos discursos de odio es que hemos empezado a normalizar mensajes que creíamos que habían quedado fuera del debate público. Como expresiones que cuestionan nuestra existencia, niegan la discriminación que sufrimos o atacan las políticas de igualdad creadas en los últimos años.
Sabemos que no todas las posturas conservadoras son sinónimo de LGTBIfobia, pero la ultraderecha ha convertido los derechos del colectivo en un campo de batalla en todo el mundo. Sin ir más lejos, hay países europeos, de Estados Unidos e incluso regiones de América Latina que han empezado a limitar derechos relacionados con la educación afectivo-sexual, la diversidad de las familias o el reconocimiento de las personas trans.
España sigue siendo uno de los países en los que las personas LGTBIQ+ tenemos más derechos, por suerte, aunque también hemos visto cómo ha crecido la presencia institucional de partidos que cuestionan estas políticas, incluso que han votado en contra de la ley recién aprobada que castiga con cárcel las terapias de conversión.
¿Qué cambia en nuestro día a día?
Al final, si todos estos discursos ultraconservadores tienen cada vez más peso, las lesbianas (y el resto del colectivo) sentimos que rechazar quienes somos cada vez cuesta menos socialmente. Así que da rienda suelta a los comentarios despectivos, las burlas, el acoso o las agresiones físicas que, por cierto, han aumentado en nuestro país.
Y también nos hace mirar de nuevo a lugares que no deberíamos. A preguntarnos si damos la mano a nuestra chica en público, respondemos a un comentario lesbófobo o si corregimos a quien da por supuesto que nuestra pareja es un hombre.
La edad, el entorno familiar, el lugar donde vivimos y nuestra visibilidad influyen mucho en nuestras experiencias. Pero que el clima sea cada vez más hostil nos hace estar de nuevo alerta y ser más prudentes en determinados contextos. Nos quita libertad.
Las redes sociales, ¿aliadas o enemigas?
Muchas de nosotras hemos conocido a nuestras amigas o parejas a través de las redes sociales, que también sirven para compartir referentes y visibilizar experiencias que sería muy difícil de otra manera. Sin embargo, las plataformas online cada vez se llenan más de campañas de desinformación y de discursos de odio que vienen de los sectores ultraconservadores y ultraderechistas.
Basta con leer unos cuantos comentarios en perfiles de creadoras de contenido lesbianas, que a diario reciben insultos, amenazas e intentos de desacreditarlas. Y no son para nada críticas constructivas ni buscan debatir nada (sobre los derechos, no hay debate posible), sino intimidar para que desaparezcan del espacio público.
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