¿Tienes ganas de vivir el verano queer? No exactamente porque todavía sigamos celebrando el Orgullo en muchas ciudades de España, aunque se haya mezclado con el inicio de la temporada estival. Hace referencia a una manera distinta de ocupar el espacio cuando llega el buen tiempo: la playa, la piscina, una terraza o un festival son lugares en los que muchas mujeres lesbianas buscamos (de manera consciente o inconsciente) algo más que descansar.

A veces, haces comunidad y reconocernos en otras mujeres lesbianas. Otras, directamente ligar o tener cerca a otras lesbianas para hacer piña. Son cosas que aprendemos con el tiempo, después de mucho observar, activar el ‘lesdar’, equivocarnos y entender cómo funciona el lenguaje de las miradas dentro del colectivo.

La playa también puede ser un espacio de reconocimiento

¿Sabías que existen playas LGTBIQ+? No porque alguien las haya declarado así, ni porque haya un cartel en ellas que impida el paso a personas ajenas al colectivo. Más bien porque se han convertido en puntos de encuentro del verano queer y que están frecuentados por lesbianas, bisexuales y gays.

Es fácil encontrar a otras personas queer y sentirnos más cómodas mostrando afecto en público, con nuestra chica o ligando.

Siempre que podemos, nos gusta buscar estos espacios, aunque también sea posible encontrar a mujeres lesbianas en otras playas. Eso sí, si algo hemos aprendido es que una mujer que lleva el pelo rapado, viste con estética masculina y tiene tatuajes no tiene que ser necesariamente lesbiana o bisexual. Los estereotipos, aunque a veces se cuelen en nuestro radar lésbico, no siempre funcionan.

Pero sí que nos hace sentir cómodas encontrar a mujeres lesbianas, porque todavía tenemos que soportar miradas incómodas y comentarios cuando acudimos en pareja o con amigas lesbianas a la playa.

¿Las miradas significan siempre lo mismo?

El lenguaje de las miradas dentro del colectivo LGTBIQ+ viene de lejos, cuando las generaciones anteriores tenían que gritarse con la mirada, porque no podían hablar ni mostrar sus sentimientos en público. Desde entonces, hemos desarrollado una manera de comunicarnos entre nosotras y una habilidad especial para reconocernos.

Pero si en algún momento has querido ligar con una mujer fuera del ambiente queer, sabes bien que hay miradas que generan más confusión que certezas. Por ejemplo, cuando cruzas varias miradas con otras mujeres y no sabes si la otra está interesada, está siendo amable o te estás montando una película en tu cabeza.

La falta de espacios propios nos ha llevado a desarrollar nuestras maneras de reconocer a otras lesbianas y a identificar intereses. Por ejemplo, una sonrisa mantenida unos segundos más de la cuenta, coincidir en el bordillo de la piscina, empezar una conversación sin venir a cuento… Y aunque las apps para ligar nos echen una mano, nadie nos puede decir que las conexiones cara a cara no son mucho mejores.

Viajar también es buscar espacios para relajarse

Otro imprescindible del verano queer es encontrar esos espacios en los que nos podamos sentir cómodas y donde hacer comunidad. Por ejemplo, hay destinos más LGTBIQ+ friendly que otros, igual que playas, bares, piscinas o festivales de música.

Y no es que nos gusten por ser exclusivamente lésbicos, sino porque nos permiten bajar la guardia y disfrutar.