El dilema entre inclusividad y espacios propios es común en la comunidad LGTBIQ+. Y no tiene fácil respuesta, porque cada concepto tiene sus pros y sus contras. Aquí voy a reflexionar sobre cada una de las casuísticas.
Los pros y contras de la inclusividad
El objetivo de una sociedad inclusiva es deseable, en líneas generales. Y lo es, no solo para el colectivo LGTBIQ+, sino para el conjunto de la sociedad. Que nuestra orientación sexual no sea motivo de discriminación es algo necesario, sobre todo cuando sigue habiendo países donde se persigue. De ahí que, en absoluto, sea un tema menor.
En este sentido, luchar por la inclusividad es bueno y tenemos que buscarla como objetivo con todas las minorías. Una sociedad inclusiva es, precisamente, aquella donde todas y todos nos podemos sentir en libertad. Ojalá no fuese necesario implementar planes contra el acoso o discriminación, pero hoy en día, son necesarios. El objetivo final es claro: que ser lesbianas sea una cuestión anecdótica en lo social. Normalizar es, precisamente, que una mujer lesbiana tenga la libertad o no de decir que lo es sin consecuencias laborales, sociales o legales.
Pero, ¿cuál es el peligro? Que la inclusividad se perciba como borrado o se utilice ese argumento para invisibilizarnos. Si tenemos un Día de la Visibilidad Lésbica es, precisamente, para distinguirnos. Y esto no implica que seamos mejores ni peores que nadie; simplemente, que somos. El problema es que, a veces, determinadas interpretaciones incorrectas de la teoría queer podrían tener ese efecto de borrado.
Los pros y contras de contar con espacios seguros propios
Los espacios seguros nacieron, en un primer momento, como un elemento de supervivencia, expresión y resistencia. Recordemos que solo algunos círculos artísticos o bares eran abiertos para nosotras. No ha de extrañar, pues, que esta realidad siga existiendo. Y, en principio, tampoco tiene por qué ser malo que exista.
Hoy siguen existiendo bares para lesbianas, aunque lo más habitual es que haya numerosos espacios queer. De alguna manera, el hecho de que el 25 % de las jóvenes de la generación Z en Catalunya se identifiquen como «no heterosexuales» ha tendido a difuminar algunas fronteras. Sin embargo, en los espacios no seguros sigue habiendo problemas para nosotras, comentarios y actitudes sexistas u homófobas que, a veces, nos amargan la fiesta. En ese sentido, los espacios seguros son una oportunidad para ser nosotras, sin cortapisas, y los bares, discotecas o lugares para el tardeo cumplen esa función, por lo general bien.
¿Cuál es el principal contra? Que estos espacios se acaben convirtiendo en guetos. No es lo más común, pero, en el afán de protegernos y crear fraternidad entre nosotras, a veces se pueden generar dinámicas tóxicas. Esto no sucede en todos los espacios seguros, ni mucho menos, pero conviene tener, también, una mirada crítica. Todo dependerá de quién y cómo dirige el espacio.
El debate entre inclusividad vs espacios propios debe servir para empoderarnos, tener criterio y, en definitiva, saber cómo trabajar mejor por nuestros derechos. ¿Cuál es tu opinión al respecto? Te leo en los comentarios.
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